[ESP] Pequeño artículo publicado en The Conversation sobre el derecho a la sombra

¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades?
Publicado: 5 agosto 2026 18:32 CEST
El higienismo es la máxima que ha guiado las urbes modernas, poniendo la apertura al sol en el centro de su diseño. Pero las olas de calor extremo obligan a pensar sobre el derecho a la sombra.
¿Han intentado ir al parque con niños una mañana de verano? Habrán comprobado una realidad aterradora. Durante nuestro paseo nos topamos con calles abrasadas por el sol y pavimentos recalentados, o parques infantiles convertidos en parrillas de caucho y metal por el calor.
Esta experiencia refleja un problema conocido por urbanistas y climatólogos. Nuestras ciudades se han convertido en “sarcófagos infrastructurales”. Es decir, hemos clausurado los suelos bajo gruesas capas de hormigón.
Este sellado asfixia el metabolismo subterráneo y actúa como una trampa de calor. Así, disparamos el efecto isla de calor urbana y nos exponemos a una insolación extrema. Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación de vulnerabilidad absoluta?
El sol como centro de nuestras ciudades
Desde el siglo XIX, el higienismo fue el concepto que guió el urbanismo moderno. Esta visión derribó barrios medievales de calles estrechas y sinuosas. El objetivo era abrir las ciudades al sol y al aire libre.
Bajo la premisa del ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà (1815-1876) de que “el sol es salud”, el urbanismo priorizó la movilidad. El siglo XX no hizo sino empeorar el problema. La trágica ola de calor del año 2003 evidenció una cruda realidad. Este modelo nos aboca a una catástrofe crónica y creciente.
Hoy, ciudades como Barcelona o Sevilla ensayan planes para adaptarse. Las sombras, menospreciadas por este “urbanismo solar”, reciben ahora una atención renovada. Los umbráculos, toldos y parasoles están de vuelta para hacer las calles más habitables.
Cómo el calor amplifica las desigualdades
El antropólogo y filósofo Bruno Latour hablaba de “mutación climática” para describir aquello que el debate científico llama el Antropoceno. Esto es, la era de la afectación planetaria de los seres humanos a causa de una forma de vida moderna dependiente de las energías fósiles. Él contraponía ese término a la idea de crisis.
Una crisis se puede revertir, pero una mutación implica una transformación ecológica irreversible. Sin embargo, el impacto de esta profunda mutación está lejos de ser homogéneo. El calor extremo funciona como una lente que amplifica las desigualdades sociales existentes.
Así lo demuestra el Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático. Este instrumento del Área Metropolitana de Barcelona, creado en 2021, analiza el impacto de las altas temperaturas. Nos enseña cómo la calidad de la vivienda y la pobreza energética son factores decisivos.
Tenemos que repensar el urbanismo poniendo la vulnerabilidad en el centro. Las olas de calor condenan a muchas personas a un “aislamiento fatal” dentro de casa.
Por eso, recuperar la calle en estos contextos es fundamental. Al mismo tiempo, los espacios públicos someten a los viandantes a irradiaciones solares brutales. Las personas que trabajan al aire libre lo sufren de manera muy intensa.
El acceso a la sombra se ha convertido, por tanto, en una necesidad urbana innegociable para proteger los cuerpos más vulnerables. Es decir, todas aquellas vidas que el urbanismo moderno y su irradiación total han marginado.
Soluciones low tech: oda a la sombra
Las diferencias de temperatura entre un lugar sombreado y uno soleado son abismales. Sin embargo, cabe señalar que no todas las sombras son iguales: la evapotranspiración y el follaje de los árboles ofrecen un confort térmico muy superior.
Ante la emergencia climática, el debate urbanístico receta plantar árboles. ¡Ojalá esta fuese la solución definitiva! Sin embargo, dentro de los “sarcófagos infraestructurales”, los árboles viven conectados con redes de soporte vital.
Las ciudades sufren sequías recurrentes y limitaciones de espacio en el subsuelo. Por tanto, no podemos depender exclusivamente de la vegetación; nos hace falta desplegar una serie de medidas alternativas.
El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, convocó hace unos años un concurso arquitectónico para generar prototipos de sombra efímera. Gracias a aquel aprendizaje, el consistorio desplegó un plan de estructuras estándar.
¿Es posible que estemos olvidando el carácter mundano de hacer sombra? ¿Que se puede crear sombra con muy pocos recursos? Entonces, ¿por qué no utilizar soluciones low tech o autoconstruidas?
Eso nos permitiría volver a soluciones arquitectónicas ancestrales como la medina mediterránea. Aquellos callejones estrechos eran una gran oda a la sombra.

También podríamos revitalizar los umbráculos clásicos y la protección popular.
Sin embargo, la implementación de tales medidas es muy compleja dentro de los códigos urbanísticos actuales. Estas regulaciones fueron concebidas para un escenario climático ya obsoleto. Por ejemplo, muchas ordenanzas continúan exigiendo el uso de pavimentos impermeables y de estructuras de aluminio en vez de madera. En este contexto, ¿cómo podríamos articular un derecho a la sombra real?
¿Un derecho a la sombra?
Los historiadores Christophe Bonneuil y Jean-Baptiste Fressoz hablan de los problemas a los que nos aboca una gobernanza altamente institucionalizada para responder a la crisis ecológica. A menudo, grupos de expertos monopolizan las decisiones, y eso ralentiza y limita las posibilidades de acción.
Estos expertos determinan qué soluciones son viables y quién merece protección. Al mismo tiempo, relegan a la ciudadanía a un papel puramente pasivo y expectante. Para contrarrestar esta dinámica, en la Universitat Oberta de Catalunya estamos desplegando un proyecto de investigación-acción, el Departamento de Umbrología.

El objetivo del trabajo es repoblar la imaginación urbana colectiva con procesos abiertos y de diálogo. Con estructuras para sombrear temporalmente ciertos lugares soleados, queremos crear conversaciones urbanas reales. El objetivo no es solucionar técnicamente la insolación, sino abrir un debate ciudadano para expresar los problemas concretos que el urbanismo solar causa a una gran diversidad de gente.
Queremos articular una conversación pública abierta sobre el impacto cotidiano de vivir en estos sarcófagos infraestructurales y debatir un borrador de Ordenanza por el Derecho Urbano a la Sombra.
Inspirados por ficciones legales como el Parlamento del Loira, este texto legal especulativo entiende la sombra como un bien comunal de todas las personas y seres vivos expulsados y expuestos por el orden solar del urbanismo moderno, como las personas que trabajan al aire libre. La ordenanza reivindica la habitabilidad de toda la comunidad biótica urbana y denuncia la expulsión a la que nos arroja el urbanismo solar.
El auténtico potencial de esta dinámica participativa es una apuesta por democratizar la gestión y la intervención de la redirección ecológica que requiere el calor urbano. Necesitamos desmantelar palmo a palmo los sarcófagos infraestructurales en los que vivimos para convertirlos en espacios de refugio.
Para hacer habitables las ciudades de hoy, hay que desplazar el urbanismo solar desplegando formas de autoprotección para una soberanía climática popular.
[CAT] Petit article publicat a la secció en català de The Conversation sobre el dret a l’ombra.

Tenim dret a l’ombra en les ciutats?
Publicat: 29 Juliol 2026 07:52 CEST
«Les urbs modernes han estat guiades per l’higienisme, posant l’obertura al sol de les ciutats al centre de l’urbanisme i l’enginyeria. Però les onades de calor extrema obliguen a reflexionar sobre el dret a l’ombra.»
Heu intentat anar al parc amb criatures un matí d’estiu? Haureu comprovat una realitat esfereïdora. En el nostre passeig trobem carrers insolats amb paviments escalfats, o parcs infantils que són graelles de cautxú i metall sota un sol abrusador.
Aquesta experiència reflecteix un problema conegut per urbanistes i climatòlegs. Les nostres ciutats modernes han esdevingut “sarcòfags infraestructurals”. És a dir, hem segellat els sòls sota gruixudes capes d’asfalt i formigó.
Aquest tancament asfixia el metabolisme subterrani i actua com un parany de calor. Així disparem l’efecte illa de calor urbana i ens exposem a una insolació extrema. Però, com hem arribat fins a aquesta vulnerabilitat absoluta?
Des del segle XIX, la urbanització moderna va estar guiada per l’higienisme. Aquesta visió va enderrocar barris medievals de carrers estrets i sinuosos. L’objectiu era obrir les ciutats al sol i a l’aire lliure.
El sol com a centre de les nostres ciutats
Sota la premissa de l’enginyer i urbanista Ildefons Cerdà que “el sol és la salut”, l’urbanisme va prioritzar la mobilitat. El segle XX no ha fet sinó aprofundir aquest problema. La tràgica onada de calor de l’any 2003 va evidenciar una crua realitat. Aquest model ens aboca a una catàstrofe crònica i creixent.
Avui, ciutats com Barcelona o Sevilla assagen plans per adaptar-se. Les ombres, menyspreades per aquest “urbanisme solar”, reben ara una atenció renovada. Els umbracles, tendals i para-sols tornen per fer els carrers més habitables.
Com la calor amplifica les desigualtats
L’antropòleg i filòsof Bruno Latour parlava de “mutació climàtica” per descriure allò que el debat científic anomena l’Antropocè. Aquesta és l’era de l’afectació planetària dels éssers humans a causa d’una forma de vida moderna dependent d’energies fòssils. Ell contraposava aquest terme a la idea de crisi.
Una crisi es pot revertir, però una mutació implica una transformació ecològica irreversible. L’impacte d’aquesta mutació profunda, però, està lluny de ser homogeni. La calor extrema funciona com una lent que amplifica les desigualtats socials existents.
Així ho demostra l’Índex de Vulnerabilitat al Canvi Climàtic (IVAC). Aquest instrument de l’Àrea Metropolitana de Barcelona, creat al 2021, analitza l’impacte de les altes temperatures. Ens ensenya com la qualitat de l’habitatge i la pobresa energètica són factors decisius.
Aquestes són variables sociodemogràfiques que determinen qui pateix més la calor. Hem de repensar l’urbanisme posant la vulnerabilitat al centre. Les onades de calor condemnen moltes persones a un “aïllament fatal” dins de casa.
Per això, recuperar el carrer en aquests contextos és fonamental. Alhora, els espais públics sotmeten els vianants a insolacions brutals. Les persones que treballen a l’aire lliure ho pateixen d’una manera molt intensa.
L’accés a l’ombra ha esdevingut, doncs, una necessitat urbana innegociable per protegir els cossos més vulnerables. És a dir, totes aquelles vides que l’urbanisme modern i la seva irradiació total han marginat.
Solucions ‘low tech’: l’oda a l’ombra
Les diferències de temperatura entre un indret ombrejat i un d’assolellat són abismals. Cal assenyalar, però, que no totes les ombres són iguals. L’evapotranspiració i el fullatge dels arbres ofereixen un confort tèrmic molt superior.
Davant l’emergència climàtica, el debat urbanístic recepta plantar arbres. Tant de bo aquesta fos la solució definitiva. Tanmateix, dins d’aquests sarcòfags infraestructurals, els arbres viuen connectats amb xarxes de suport vital.
Les ciutats pateixen sequeres recurrents i limitacions d’espai al subsol. Per tant, no podem dependre exclusivament de la vegetació. Ens cal desplegar tota una sèrie de mesures alternatives.
L’Ajuntament de Barcelona, per exemple, va convocar fa uns anys un concurs arquitectònic per generar prototips d’ombra efímera. Amb aquells aprenentatges, l’Ajuntament ha desplegat un pla amb estructures estàndard.
Però, potser, estem oblidant el caràcter mundà de fer ombra? Aquest procés va revelar com es pot crear ombra amb molt pocs recursos. Llavors, per què no fer servir solucions low tech o autoconstruïdes?
Això ens permetria retornar a solucions arquitectòniques ancestrals com la medina mediterrània. Aquells carrers estrets eren una gran oda a l’ombra.

També podem revitalitzar els umbracles clàssics i la protecció popular.
Tanmateix, la implementació d’aquestes mesures és molt complexa dins dels codis urbanístics actuals. Aquests codis, però, van ser concebuts per a un escenari climàtic ja obsolet. Per exemple, moltes ordenances continuen exigint l’ús de paviments impermeables i d’estructures d’alumini en lloc de fusta. En aquest context, com podríem articular un veritable dret a l’ombra?
Un dret a l’ombra?
Els historiadors Christophe Bonneuil i Jean-Baptiste Fressoz parlen dels problemes als quals ens aboca una governança altament institucionalitzada per respondre a la crisi ecològica. Sovint, grups d’experts monopolitzen les decisions i això ralentitza i limita les possibilitats d’acció.
Aquests experts determinen quines solucions són viables i qui mereix protecció. Alhora, releguen la ciutadania a un paper purament passiu i expectant. Per contrarestar aquesta dinàmica, a la UOC estem desplegant un projecte d’investigació-acció.

L’objectiu del treball és repoblar la imaginació urbana col·lectiva amb processos oberts i de diàleg. Amb estructures per ombrejar temporalment indrets insolats, volem crear vertaders parlaments urbans. L’objectiu no és solucionar tècnicament la insolació, sinó obrir un debat ciutadà per expressar els problemes concrets que l’urbanisme solar causa a una gran diversitat de cossos.
Així volem articular una conversa pública oberta sobre l’impacte quotidià de viure en aquests sarcòfags infraestructurals i debatre un esborrany d’Ordenança pel Dret Urbà a l’Ombra (DRETUMB).
Inspirats per ficcions legals com el Parlament del Loira, aquest text legal especulatiu entén l’ombra com un bé comunal de totes les persones i éssers vius expulsats i exposats per l’ordre solar de l’urbanisme modern, com ara les persones que treballen a l’exterior. L’ordenança reivindica l’habitabilitat de tota la comunitat biòtica urbana i denuncia l’expulsió a la qual ens aboca l’urbanisme solar.
La veritable potència d’aquesta dinàmica participativa és una aposta per democratitzar la gestió i la intervenció de la redirecció ecològica que requereix la calor urbana. Necessitem desmantellar pam a pam els sarcòfags infraestructurals en què vivim per convertir-los en espais de refugi.
Per fer les ciutats d’avui habitables, cal desplaçar l’urbanisme solar desplegant formes d’autoprotecció cap a una sobirania climàtica popular.