“Etnografía, experimentación, dispositivos de campo y colaboraciones” | Entrevista en (con)textos: revista d’antropologia i investigació social

El equipo editorial de la revista (con)textos: revista d’antropologia i investigació social de l’Associació Antropologies y, en particular, Violeta Agudo-Portal han tenido la amabilidad de entrevistarnos a Adolfo Estalella y a mí inaugurando su sección de entrevistas.

En la entrevista reflexionamos sobre el libro que co-editamos Experimental Collaborations: Ethnography through Fieldwork Devices y, más específicamente, los proyectos en torno a la invención antropológica que la plataforma #xcol – Experimental collaborations ha venido abriendo desde sus inicios.

Esta entrevista surge como un espacio para charlar sabre la etnografía, las colaboraciones y la experimentación. El libro que editan recoge y extiende las reflexiones surgidas en las años ochenta en el marco de la publicación de Writing Culture (1986). El volumen no pretende formular nuevas metodologías, sino que aporta una recopilación que George E. Marcus denomina “minimalista” en este sentido. En esta ocasión, la etnografía y el “campo” (the field) se piensan con y a través de la conceptualización y práctica de la colaboración. Se distinguen tres tipos de colaboraciones: El Modo 1, apunta a la prexistente colaboración en el campo, con practicas de origen extractivista asentadas en la jerarquización de las posiciones y relaciones. El Modo 2, aborda la antropología publica y sus alianzas con el activismo, enmarcadas en un trabajo de campo que tiende a estar prediseñado y donde la colaboración esta a su servicio en gran medida. El Modo 3, al que las editores dedican el título del volumen, concibe la colaboración conceptualmente y en la practica coma innovación. Para ello elaboran este modo con términos coma experimento o dispositivo. “Colaboraciones experimentales,” una experimentación que Estalella y Sánchez Criado puntualizan no es novedosa en el trabajo de campo, pero que, sin embargo, no ha encontrado lugar en la mayoría de las textos o monografías, y par lo tanto cuenta con un vocabulario reducido.

Publicado como Estalella, A. y Sánchez Criado, T. (2019). Etnografía, experimentación, dispositivos de campo y colaboraciones. Una entrevista. (con)textos: revista d’antropologia i investigació social, 8 | PDF

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ETNOGRAFIA, EXPERIMENTACIÓN, DISPOSITIVOS DE CAMPO Y COLABORACIONES: UNA ENTREVISTA CON ADOLFO ESTALELLA Y TOMÁS SÁNCHEZ CRIADO

ENTREVISTA REALIZADA POR: VIOLETA ARGUDO-PORTAL

EQUIPO EDITORIAL REVISTA (CON)TEXTOS ASSOCIACIÓ ANTROPOLOGIES

VIDEOCONFERENCIA, 2 DE MAYO DE 2019

[Durante la videoconferencia Adolfo Estalella tuvo problemas de conexión y, por lo tanto, Tomás Sánchez Criado retomó parte de la conversación cuando esto ocurría]

V.A-P: Nos gustaría que nos explicarais, sobretodo para quienes no han tenido oportunidad de leer el volumen o no conocen vuestro trabajo, cómo surge esta reflexión en torno a las colaboraciones experimentales y la etnografía.

A.E: Pues cómo surge… yo diría que surge de un encuentro personal entre nosotros dos cuando estábamos haciendo trabajo de campo tanto en Madrid coma en Barcelona. Así lo contamos en un artículo en espera de ser publicado, en el que detallamos cómo llegamos algunas de estas reflexiones. Creo que el título del artículo es lo suficientemente iluminador de la propuesta que hacemos: “Do it Yourself Anthropology”. Uno de los dos elementos fundamentales del contexto en el que nos encontramos es el 15M, una época de intensa efervescencia urbana, cuando la ciudad esta poblada de todo tipo de colectivos tratando de habilitar nuevas formas de vida en común, en ese marasmo estamos nosotros investigando y aprendiendo de gentes distintas: activistas, diseñadoras, arquitectos….

Estamos en una ciudad que, coma decimos en el artículo, se ha poblado de vacíos urbanos, vacíos que invitan a repensar y a reinventar la ciudad. Y nosotros paradójicamente nos movemos, en torno a esos vacíos, pensando con otra gente, y al mismo tiempo nos encontramos con un vacío disciplinar, pues no tenemos ningún tipo de enraizamiento dentro de la tradición antropológica española, y no lo tenemos no par desapego sino par las vicisitudes de nuestra trayectoria profesional.

Entonces, tenemos par un lado la falta de interlocutores dentro la academia y, por otro lado, la experiencia de que el tipo de investigación que hacemos ha cambiado con respecto a proyectos previos, nuestros modos de indagar con la gente que nos encontramos son otros… y creemos que merecen ser narrados. Así surge el volumen de Experimental Collaborations, que no es otra cosa que un intento por narrar modos de indagación etnográfica que no se ajustan a los tradicionales ‘tales of the field’…

Sin pretender expresar ningún tipo de novismo o de novedad en la disciplina, no hacemos un argumento sobre la novedad de estas formas de indagaci6n experimental, al contrario, pues pensamos que siempre han formado parte de los modos de indagar antropológicos. Nuestro argumento va en otro sentido y señala la necesidad de describir empíricamente y conceptualizar de manera precisa esos modos experimentales que han sido ignorados, pero que son muy relevantes al abrir la posibilidad de modos de indagación antropológica.

T.S.C: Creo que hay un espacio que nos conecta más personalmente a Adolfo y a mí, y que conecta mucho con estas maneras de pensar y de indagar en relación con una crisis de los saberes expertos que ocurre más genéricamente con el 15M, que es el ámbito de las estudios sociales de la ciencia y la tecnología, en cuyo intento de institucionalización ambos hemos estado también muy implicados.

Por un lado, hemos estado haciendo trabajo de campo con profesionales técnicos y científicos: en el caso de Adolfo ha estado trabajando con arquitectos, colectivos de arquitectura. En mi caso, con diseñadores amateurs y profesionales implicados en el ámbito del cuidado y la vida independiente. Pero, por otro lado, la Red de estudios sociales de la ciencia y la tecnología (RedesCTS) fue un espacio en el que nos encontramos muy cómodos, porque se trataba casi de una extitución antes que una institución. Allí nos encontramos con mucha otra gente que venía de campos coma la sociología, la psicología social y cultural o la historia de la ciencia. Hablo de extitución porque aparecimos coma una especie de prototipo de una nueva forma de asociación científica: explícitamente híbridos y mixtos, con la voluntad de juntarnos con la propia gente con la que estábamos colaborando en nuestros trabajos de campo, pensar junto con ellas, generar contextos de interlocución, modos de indagación común, más o menos complicados. A veces ha salido, otras no.

Ese espacio extitucional que son los estudios de la ciencia y la tecnología digamos que nos abrió a un montón de reflexiones muy poderosas. Nuestra relación con ese espacio de alguna manera se refleja en el vocabulario que también empleamos a la hora de plantear esta exploración sobre las maneras en que hemos estado haciendo trabajo de campo. Ahí encontramos por qué utilizamos un vocabulario relacionado con la experimentación y no sólo la colaboración, que es lo mas común quizás en la literatura etnográfica que reflexiona sobre las nuevas condiciones del trabajo de campo en la contemporaneidad y demás. Pero bueno, curiosamente, muchas de las reflexiones que en el ámbito de la antropología en lengua inglesa sobre cómo repensar, modificar y reapropiarse los modos de hacer trabajo de campo, se hacen también en esa encrucijada.

La encrucijada entre una antropología de la contemporaneidad que se piensa muy vinculada a la transformación de los saberes, que piensa la crisis de la modernidad, que piensa la crisis del saber experto, que piensa la pluralidad de saberes que tienen que ser convocados en la propia antropología o que abre la antropología a otras para que la ocupen. Estoy pensando par ejemplo en el caso de Estados Unidos donde gente como Kim Fortun, o claro, anteriormente George E. Marcus, Michael Fischer o Paul Rabinow abrieron toda una conversaci6n en esta dirección. Par situar un poco dónde surge lo que comentamos.

Adolfo y yo nos conocemos, antes que como antropó1ogos a secas, como antropó1ogos interesados en pensar una antropología de la ciencia y la tecnología: en ese espacio extitucional, en el momento de cierre de nuestras tesis y en momento de apertura de otros trabajos de campo. Es ahí donde surgió la conversaci6n en torno a una pregunta muy sencilla: ¿Qué narices nos está pasando? A él le pasa trabajando con colectivos de arquitectura en Madrid, que se ponen a pensar infraestructuras abiertas para rehacer la ciudad. Y a mí me pasa en Barcelona, muy vinculado a la gente del foro de vida independiente y al activismo de la diversidad funcional, que de repente entran en una especie de delirio que quieren rediseñar sus espacios de encuentro, sus sillas de ruedas, quieren rediseñar la manera en que de relacionan con lo que se suelen denominar ‘ayudas técnicas’. Ambos grupos ponen patas arriba el orden instituido y las jerarquías del diseño de la ciudad y de las tecnologías.

Como veis esto tiene que ver con una cosa más complicada que un mero contexto. Más bien se trató de una transformación del papel que tenía el saber y, por lo tanto, que impactó directamente en nuestra propia manera de producir conocimiento a través de la etnografía. Vivir esa situación transforma la manera en que la etnografía ocurre porque no puedes estar en el campo única y exclusivamente con un cuaderno de notas, a tu bola. Tienes que generar unos contextos para compartir lo que allí está ocurriendo. Todo esto alteró profundamente para nosotros las maneras en que solemos pensar cómo debe ser la etnografía canónicamente, o al menos sobre cómo nos la explican las manuales.

V.A-P: La verdad es que habéis ido respondiendo muchas de las preguntas que tenía, pero voy a compilar varias cuestiones. Por un lado, en relación con una curiosidad sobre un dato que acabáis de comentar sobre la próxima publicación de un artículo que se titula “Do it Yourself Anthropology”. En este caso elegís hablar de antropología y no de etnografía. Sin necesidad de meternos a fondo en el campo de las distinciones entre ambas, pero nos gustaría saber que hay detrás de este traspaso terminológico de la etnografía a la antropología. Pero antes de ir a esa cuestión también quería retomar lo que comentaba Tomás, que ya se ha hablado en numerosas ocasiones sobre la colaboración en la antropología de la contemporaneidad, etc. Es interesante cómo en el volumen no sólo se aborda la acepción más romántica de colaboración, sino que también se reconocen otros aspectos menos idealizados. En este marco, ¿qué entendemos par “colaboraciones experimentales” en el trabajo de campo? ¿Y cómo se relaciona el volumen y esta propuesta con las diferentes crisis de reflexividad en torno a la etnografía, especialmente a partir de las arias ochenta?

T.S.C: Todo esto se inicia en 2014 con un panel en la EASA (Ethnography as collaboration/experiment) con un intento de pensar, después de varios años con Adolfo debatiendo sobre las vicisitudes de nuestro trabajo de campo. Empezamos a leer mucho sobre el giro colaborativo en la antropología: una crítica bastante temprana sobre el modo extractivista de pensar las relaciones de campo, que suele distinguir entre el informante y el informado, entre quien tiene preguntas y quien da respuestas, un modo de indagación criticado por su carácter individualista o colonial donde la estancia en el campo se transmuta en una autoridad como autor que da fe de aquello que ha visto.

Es un pacto o de cláusula de objetividad basada en la indexicalidad, similar a la que tienen las periodistas. Esta manera de narrar el encuentro etnográfico entra en crisis en los años 80, pero tambien los modos y maneras de hacer trabajo de campo. En nuestra revisión, sin embargo, también nos distanciamos de ciertas maneras que han sido reivindicadas como la solución a esto, en la forma de programas implicados o comprometidos.

De forma heurística en nuestra revisión, par tanto, hablamos de tres modos de colaboración. Hablamos de un modo 1, una forma extractivista de entender la circulación de información, donde se distingue quien informa y es informado. A continuación, repasamos lo que llamamos el modo 2, que sería el modo de la antropología implicada o comprometida, que genera espacios de co-escritura y co-análisis. Muchos de estos trabajos han sido una gran inspiración al estar trabajando ambos en espacios activistas. Sin embargo, nos parece que este modo suele tener demasiado claros los objetivos políticos de la intervencion, y se suele seguir haciendo una distinción muy fuerte entre quien es antropóloga y quien no. Es por ello que distinguimos un modo 3, o experimental, donde la colaboración requiere un enorme trabajo de diseño para generar espacios abiertos de problematización conjunta, de co-investigación y donde los otros devienen pares epistémicos.

Este modo 3 remite mucho al momento en que estábamos haciendo nuestro trabajo de campo. En el momento posterior al 15M, con todas sus ramificaciones enormes, es un momento de gran incertidumbre. La crisis, que es también una crisis de los saberes expertos, no sólo una crisis económica como se suele narrar, también va vinculada a una fortísima apropiación activista crítica de la manera en que debe repensarse quién o cómo se investiga. El modo 3 es nuestro hallazgo etnográfico. Nos dimos cuenta que muchas de las cosas que estábamos haciendo no podían ser descritas al modo 1 ni en el modo 2, que la inventiva de las situaciones vividas con esos pares epistémicos necesitaba quizá de otro vocabulario para poder ser descrita. Aquí nuevamente los estudios sociales de la ciencia y la tecnología fueron muy relevantes para describir y dar cuenta de su detalle concreto. Autores coma John Law han venido trabajando sobre lo que denominan ‘la vida social de los métodos’, prestando atención a los métodos coma peculiares dispositivos que ordenan el mundo y las relaciones de modos siempre peculiares, donde la actividad investigativa es generativa de mundo.

Nuestro trabajo hacía muy presente el papel de diferentes dispositivos: plataformas web para pensar juntas o blogs para documentar y reflexionar conjuntamente nuestras experiencias transformaban la investigación solitaria en un campo común, donde las espacios de análisis y la toma de notas se convertían en algo compartido, generativo de otras relaciones de problematización conjunta: donde infraestructuras abiertas coma Ciudad Escuela permitían repensar la ciudad contemporánea y sus propiedades, donde el diseño abierto desde la diversidad funcional de En torno a la silla nos permitía ensayar otras posibilidades de relación distintas a las que ofrece y hace posible la concepción dependentista del estado de bienestar. Así, empezamos, poco a poco, a hablar e intentar nombrar los “dispositivos etnográficos” que nuestros trabajos de campo en esos lugares tan peculiares habían hecho disponibles.

Entonces, par ejemplo, nos encontrábamos con cómo nuestras investigaciones estaban repletas de dispositivos u ocasiones generativas: de repente acabas organizando eventos, donde acaban hablando muchas de las personas con las que estas trabajando, que se convertían no en lugares para enseñar lo ya sabido, sino para pensar juntas lo que nos estaba ocurriendo. Donde de repente los eventos que uno produce ya no son el producto final de un trabajo etnográfico, sino un dinamizador de la propia etnografía: Hacer una charla, hacer un evento, una documentación de un proceso, hacer una exposición, etc. se convertían en dispositivos para hacer trabajo de campo, no tanto para representarlo a posteriori.

Esa atención a los dispositivos de campo nos permitía describir las formas experimentales que nuestros trabajos de campo estaban tomando en situaciones que se parecen mucho a esas formas de vida emergentes (emergent forms of life) de las que habla Michael Fischer, el antrópologo norteamericano, tomando inspiración del filósofo e historiador de la ciencia Hans-Jörg Rheinberger y su análisis de los “sistemas experimentales”, como las laboratorios, que son entornos singulares donde se inscribe de muchas maneras lo que ocurre, y donde lo mas relevante es que lo que ocurre sirva para hacernos nuevas preguntas.

Pero antes que en el espacio cerrado de una ciencia institucionalizada, nuestras etnografías tomaban características de las propias condiciones experimentales ‘salvajes’ donde nos movíamos: con muchas personas generando dispositivos y condiciones de indagación sobre lo que les ocurre, lo que les pasa, sobre quienes son, a dónde vamos, de todo tipo. Pensemos, por ejemplo, en la PAH con un gran aparato de producción de inteligibilidades sobre las condiciones de la crisis inmobiliaria en España, donde además de toda la red de soporte interpersonal generan condiciones para hacer a la gente compartir sus experiencias, se sistematizan esos conocimientos y se producen informes, que a su vez sirven para generar una manera de repensar las relaciones con otros. De alguna manera peculiar hacían cosas que se parecen mucho a las que hacemos nosotros como antropólogos.

Entonces, bueno, nos dimos cuenta de que quizás lo que ocurre es que ya no es sólo una forma colaborativa en un sentido implicado o involucrado o comprometido, sino que estamos ante gente que está investigando. De alguna manera, lo que hace experimental nuestro trabajo no es el juego más o menos ficcional con las formatos de representación, sino el hecho de que estamos produciendo experimentos de campo al trabajar con “comunidades epistémicas” (coma las llaman Holmes y Marcus) más o menos en crisis, más o menos consolidadas, más o menos activadas donde el conocimiento y el saber forman parte de la propia manera de la que esta gente se conduce y que por eso mismo disputan la propia manera de producción de saber nuestra.

Pero, claro, lo que nos parece fascinante es cómo esto nos hace repensar qué puede ser la etnografía hoy, que es una reflexión que no es sólo nuestra evidentemente, es una reflexión muy profunda en los últimos treinta años de la antropología que se abre hacia muchos sitios: se la hace la gente de la antropología visual, sensorial, la gente que trabaja en la encrucijada con las STS, la gente que trabaja en diseño o en el ámbito urbano; hay hoy día muchas encrucijadas donde el objeto de interés de la disciplina, cómo hacemos trabajo de campo, para qué lo hacemos y cuáles son las condiciones de relevancia son objetos de indagación y experimentación constante.

V.A-P: Interesante… También nos ha llamado la atención que el “experimento etnográfico” no es tanto una desviación de la observación participante como una modalidad en sí misma. ¿Cómo se interrelacionaría la observación con la experimentación? Quizás a través de algún ejemplo…

T.S.C: En la introducción intentamos repasar el origen de la distinción entre experimentación y observación, que es mucho más reciente y más compleja de hacer de lo que pudiera parecer. Los orígenes del trabajo de campo antropológico, a finales del XIX, remiten a un momento de grandes prestamos epistémicos, y sus formas son un compuesto con gran inspiración naturalista en el trabajo de observación de bió1ogos o zoó1ogos, en muchas ocasiones en expediciones conjuntas. Pero el trabajo de campo de los naturalistas, como muchos trabajos en historia de la ciencia vienen mostrando repetidamente, está siempre en una relación constante con el trabajo experimental de laboratorio. En antropología, sin embargo, la experimentación ha tenido mala fama coma modo de explicar las modos de hacer de la etnografía. Reivindicar la experimentaci6n es un argumento complejo de hacer.

Como explican historiadores de la antropología como George Stocking Jr. la obsesión con la observación parece obra de la antropología social británica. Pero frente al relato malinowskiano de la observación participante como una relación naturalista, trabajos más recientes nos permitirían pensar si quizá la observación en el campo también fue una forma experimental para la antropología. El reciente libro de Hviding y Berg The Ethnographic Experiment: A.M. Hocart and WH.R. Rivers in Island Melanesia, 1908, de alguna manera recupera otra manera de narrar la inventiva etnográfica que supusieron las primeras formas de estancia prolongada en el campo, condiciones experimentales a partir de las cuales surge lo que hemos llamado observación participante.

Este trabajo fue muy importante para pensar si quizá antes que algo nuevo o radical, la experimentación hubiera estado a la base de todas las formas de inventiva metodológica en el trabajo de campo etnográfico. ¿Qué ocurre si todas las formas de indagación etnográfica que hoy solemos denominar con el epíteto “observación participante” no fueran sino dispositivos que en un momento fueron experimentos en los modos de describir, relacionarse o relatar? Desde los diagramas de relaciones de parentesco, hasta las relatos poéticos fragmentarios ahí hay una gran inventiva de modos y maneras de estar en el campo, generar registros y dar cuenta de lo que allí sucede…. Y nos parece que antes que una defensa de la observación, esto llama a buscar un género de explicar y describir el trabajo etnográfico haciendo relevante el pulso experimental que siempre ha existido en el trabajo antropológico, y que se traduce cuando solemos hablar coloquialmente de que el trabajo etnográfico es en realidad un método muy flexible. Por tanto, ¿y si la experimentación no fuera nada nuevo?

Sin embargo, tenemos pocos relatos como el que nos ofrecen Hviding y Berg, donde la experimentación de campo quede bien reflejada. Muchos de nuestros manuales etnográficos construyen un catálogo de herramientas o instrumentos precocinados. Y muchos de los relatos informales sobre cómo se hace trabajo de campo tienen mucho de “vete, aprende a hacerlo haciendo y ya nos cuentas una historia interesante al volver”. Entre la etnografía de manual y la relación etnográfica improvisada nos parece que habría al menos otra manera de describir de forma mas fehaciente en qué consiste hacer etnografía, otra manera de narrar lo que hacemos en el campo, para la que quizá no tenemos un vocabulario.

Es por eso por lo que el libro, más allá de nuestros propios trabajos, de alguna manera intenta convocarnos a describir denodadamente el carácter experimental de los “dispositivos de campo” de la etnografía. El trabajo del resto de capítulos nos parece que ilustran que la experimentación no sólo ocurre en el modo marcadamente explícito como el 15M, sino en cualquier aproximación a la construcción de una indagación antropológica singular: cómo hacer una etnografía de las giras de una banda, cómo aprender que quizá antes que refrendar sus ideas de lo que es la etnografía quizá la mejor manera de relacionarse con los diseñadores es friccionar, y así toda una pléyade de pequeñas invenciones de campo que el libro quiere documentar.

V.A-P: Para ir cerrando, os resumo las últimas cuestiones que podríamos abordar. En el libro encontramos que la mayoría de los casos se tratan de lo que se llama en ocasiones, “etnografía hecha en casa” o “at home”. Es decir, cuando no hay una ruptura de coordenadas espaciales en ese sentido, cuando “ir allí” puede ser ir a un sitio en el que ya habías estado o que pasas a menudo, pero en esta ocasión quizás hablando con gente que no habías hablado, etc. ¿Cómo relacionaríais vuestra propuesta y reflexión con llevar a cabo la etnografía en tu propio contexto geográfico? ¿Y qué pasa con la evocación de integridad que ha tenido la etnografía, especialmente como -grafía, a la hora de generar una narración descriptiva que evocaba una cierta integración dentro del trabajo de campo? Por ultimo, comentaros en relación con el trabajo que hacemos en la Associació Antropologies nos encontramos que en los contextos urbanos hay una proliferación de personas con perfiles muy variados haciendo etnografias o incluso para-etnografias. Y esto nos ha hecho reflexionar sobre una tendencia y un cierto énfasis en clasificar las indagaciones como ‘etnográficas’. Un encuentro constante con la palabra etnografía, ¿qué os sugiere el auge de esta adjetivación?

A.E: Con respecto a la primera pregunta, no sabemos el alcance que la propuesta de colaboraciones experimentales puede tener en contextos distintos a aquellos en las que surge la reflexión. Eso en realidad queda en manos de aquellos antropólogos y antropólogas que pueda considerar inspiradora la propuesta. Uno de los esfuerzos que hacemos no es señalar la novedad de ciertos trabajos de campo, ciertas prácticas etnográficas que diríamos no son absolutamente novedosas. Lo que sí hay de novedoso es el intento de conceptualizarlas, el vocabulario que tenemos para describir las prácticas etnográficas es bastante limitado en este sentido. Una observación participante es insuficiente para dar cuenta de las prácticas epistémicas de campo. Lo que estamos explorando es un vocabulario conceptual para dar cuenta de la etnografía. No es sólo una propuesta para la práctica, sino un ejercicio también de conceptualización de la etnografía. Desde esta perspectiva, lo que esta en juego entonces no es si los dispositivos de campo que describimos, esos modos de relación que permiten la relación en el campo pueden ser aplicables en otras geografías, lo que verdaderamente esta en juego es un esfuerzo par documentar, describir y conceptualizar los gestos de inventiva que son parte esencial de la construcción de nuestras relaciones etnográficas.

T.S.C: Simplemente añadir una pequeña nota, la distinción “casa” o “fuera”, a mi personalmente me parece francamente problemática.

A.E: Sobre todo qué hay detrás de esa idea.

T.S.C: Es un problema, que Marilyn Strathern o George Marcus o Paul Rabinow se plantean con mucho detalle. A la hora de abordar sociedades complejas, llenas de encuentros fugaces o formas de socialidad emergente y gente de la que no tenemos ni idea de lo que son mantener la mirada un tanto etnicista o culturalista que hay detrás de esta idea casa/fuera es un imaginario muy problemático. No porque no tenga sentido pensar los contrastes de todo tipo: lingüísticos, en las prácticas, en las relaciones de dominación, etc. Pero si algo hemos aprendido de la antropología de la ciencia y la tecnología es que hay muchas formas esotéricas de sociedad o socialidad que el proyecto moderno ha ayudado a traer a la presencia, y donde no está tan claro que podamos entender lo que suponen por mucho que ocurran en un edificio a dos manzanas de donde vivimos.

V.A-P: Me parece relevante comentar alga que ya ha ido saliendo, coma es la toma de notas. En etnografías en las que estás involucrada haciendo muchas otras cosas que no te permiten tomar notas, esa estética de tomar notas y el tipo de descripciones que se espera surjan de ellas se desmorona y aparecen otro tipo de registros… ¿Nos podéis poner algunos ejemplos de esta parte más práctica?

T.S.C: Creo que todas esas rupturas que comentaba antes, la antropología visual, la sensorial, digital, la design anthropology han venido abriendo modos y maneras formas de representar, o incluso de no-representar muy diversas. Todo ese campo de experimentación que hoy día se conoce como antropología multimodal, es decir, la producción etnográfica más allá del registro textual y visual están inventando todo otro tipo de registros y maneras de documentar y producir situaciones de campo. Esa inventiva multimodal lleva aparejadas formas de “hacer con otros”, hacer investigación a través de las formas de documentación diagramática de personas coma Carla Boserman, una colega con la que también hemos aprendido a tomar notas de campo de otro modo. Sus relatogramas, como ella los llama, son composiciones de dibujo y texto que relatan situaciones y sus atmósferas. Pero no se acaban ahí: luego los escanea, sube a la red, provocan discusiones…no son sólo registros, sino también plataformas relacionales que abren a otras conversaciones.

A.E: Regreso sobre la extensión de la utilización del concepto de etnografía o su invocación constante en distintos colectivos de la figura de la etnografía que comentabas. Es algo a lo que se ha referido de manera provocadora Tim Ingold. Por ejemplo, en mi caso, yo diría que una de las cosas más interesantes trabajando con muchas de mis contrapartes (arquitectos, activistas, etc.) ha sido el descubrimiento de otras formas de indagación para investigar la ciudad. En mis proyectos yo no me he preocupado par la ortodoxia disciplinar, de hecho, no describiría mis proyectos coma interdisciplinares o multidisciplinares sino como colaboraciones experimentales. Siempre me he personado coma antropólogo y es precisamente eso lo que les resulta relevante a mis contrapartes en el campo. Desde esa perspectiva disciplinar, un aspecto destacado de la relación con las otros ha sido el descubrimiento de que la etnografía se puede enriquecer prestando atención y aprendiendo de esas otras formas de indagación… A la propuesta de Ingold y otros de pensar la antropología no como una practica que investiga a otros, sino una empresa en la que investigamos con otros le podemos añadir un nuevo nivel. La idea de que aprendemos con otros a investigar en nuevos términos. La manera de enriquecer y expandir la antropología es aprendiendo de las formas y modos de indagar de nuestras contrapartes.

En mi caso, he aprendido mucho de la sensibilidad material de arquitectos y arquitectas que operan mediante intervenciones materiales. Si tienen que hacer entrevistas, pues fabrican una silla, una infraestructura que colocan en la calle para interpelar a los viandantes, y por mundana que sea nos abre toda una serie de preguntas sobre la materialidad de nuestros métodos. Y de repente, la silla se convierte en una especie de atractor de la gente que se acerca… Se convierte en una especie de escenario, una especie de dramaturgia material en el espacio público. Puede parecer una anécdota, pero revela una particular sensibilidad, en este caso de los arquitectos, para pensar los métodos de investigación y las formas de indagación. Y eso representa toda una oportunidad para reaprender y reincorporar algunos de estos dispositivos o formas de investigación dentro de la propia antropología. Yo lo veo con mis alumnos, donde los modos tradicionales de hacer son insuficientes especialmente en la ciudad para pensar la complejidad de los mundos urbanos actuales. En esta situación quizás tenemos que empezar a equiparnos con otro tipo de técnicas, métodos o dispositivos, que es el vocabulario que nosotros manejamos. Otros modos de indagación.

V.A-P: La parte sobre la etnografía como etiqueta que prolifera, no la pensábamos tanto como quién tiene derecho a hacer etnografía, sino que nos parecía interesante como si hubiese una autoridad inscrita en adjetivar así, que nos puede parecer incluso paradójica por nuestra experiencia, al decir que aquello que haces es etnográfico como un argumento de autoridad. Y luego, para cerrar la entrevista. Después de la publicación del libro, que ha pasado un año… ¿hay algún tipo de reflexión sobre los comentarios o feedback que habéis recibido que os gustaría comentar?

A.E: En realidad el libro lo que hace es poner un primer ladrillo de un trabajo que todavía estamos desarrollando en la plataforma xcol, un proyecto que queremos abrir a la colaboración de otros, que se articula a través de dos líneas de reflexión, intervención (también intravenciones) y práctica. Una de ellas tiene que ver con la idea de que, si las colaboraciones experimentales son un modo particular de etnografía, una de las preguntas que podemos hacernos es qué tipo de contextos, de recursos pedagógicos son necesarios para aprenderla.

Ahí tenemos toda una reflexión en torno a lo que llamamos, en ocasiones, ‘formatos abiertos’, metodologías del encuentro que adoptan la forma de talleres – la clínica de experimentaciones etnográficas que llamamos Cleenik – o laboratorios. La pregunta que nos planteamos es qué contextos específicos podemos diseñar para el aprendizaje de estos modos de indagación y cómo podemos documentar esos formatos. Documentarlos de manera que puedan viajar a otros lugares y puedan ser reproducidos por otros. Esa es una preocupación que tenemos y es lo que hicimos en #Colleex que es la red que montamos dentro de la EASA. Uno de los trabajos que hemos hecho ha sido documentar varios de estos formatos y ahí la pregunta es cómo documentamos estas metodologías, qué tipo de lenguajes visuales podemos utilizar y dónde podemos encontrar inspiración para la documentación de este tipo de eventos. Esta sería una de las vías de indagación que se nos abre a partir del libro.

Y la otra tiene que ver con este ejercicio documental de los dispositivos de campo. Una de las ideas que estamos desarrollando ahora, muy inspiradas en algunos de los trabajos de P. Rabinow es esta idea de que nuestros trabajos etnográficos están repletos de invención. Frente a la idea de que la colaboración es el resultado de la aplicación de un método, que es lo que podemos encontrar en algunas ocasiones, ¿no? Así se expresa en la idea de las metodologías colaborativas, metodologías para producir colaboraciones. Eso nos resulta bastante incómodo, y en su lugar planteamos que el trabajo de campo esta siempre repleto de invención. Y esta figura, la invención, no es completamente ajena a la antropología, si nos remitimos a Roy Wagner cuando describe la empresa antropológica coma dedicada a la invención de la cultura.

Siguiendo este argumento, una de las cuestiones que nos planteamos es cómo podemos documentar todos estos gestos inventivos que han sido completamente marginados, invisibilizados o relegados al olvido en tantas etnografías. Los ‘tales of the field’ con los que hemos tendido a narrar y a describir en que consiste la etnografía lo que han hecho ha sido ignorar la increíble complejidad de nuestros trabajos de campo… porque no se han documentado ni conceptualizado esos modos de relación etnográfica tan habitualmente cargados de inventiva. Entonces una de las cosas a las que andamos dándole vueltas es a inventar una especie de inventario etnográfico.

Un inventario que por un lado reconozca que la etnografía es siempre un ejercicio de invención y que, par otro lado, produzca un inventario donde se recopilen y documenten todos esos dispositivos de campo que son diseñados o inventados en distintas etnografías. Y entonces estamos dándole vueltas a esta idea de pensar la etnografía coma inventario o coma un inventario. Un inventario en el sentido que toda etnografía es un ejercicio de invención y un ejercicio de invención que demanda ser inventariado, que requiere el diseño de inventarios que lo que hagan sea alojan o documentar y hacer disponibles para otros esos dispositivos que resultan de nuestros trabajos de campo. Estas son las dos líneas en las que ahora estamos trabajando.

V.A-P: Justamente por esta cuestión de la colaboración y su complejidad que es interesante esta idea de contar con una caja de herramientas más creativas, para no acabar recurriendo a las formas de hacer que ya conocemos y que en muchas ocasiones no son suficientes para muchos de los lugares en los que llevamos a cabo etnografías en la actualidad. Ya sean etnografías urbanas o en instituciones, como comentabas el caso de P. Rabinow. O también es interesante cuando la colaboración viene prediseñada de forma externa. Así que estaremos alerta para ver de qué se va componiendo el inventario que comentabais… Muchas gracias por vuestro tiempo.

Remaining in confusion: An unfocused manifesto?! *

How to experiment with the modes of public engagement, as well as with the necessary equipment to research in confused and confusing times?

What could we learn from this puzzlement, the strangeness, the confusion of the last weeks?

Might there be something to explore and experiment in this mess we’re in?

– A manifesto in 30 tweets

– Also including an added Disclaimer (10 tweets), reflecting on ‘why this now??!!’

Hey, what happened to 10??

4.02.2020 – DIE ZUKUNFT DER STADT(FORSCHUNG) | HCU Kultur der Metropole

Das Studienprogramm Kultur der Metropole an der HafenCity Universität Hamburg feiert zehnjähriges Bestehen auf Kampnagel

Das Wissen der Stadt in Bewegung halten – dazu diskutieren diverse Stadtforschende und -machende am 4. Februar 2020 auf Kampnagel.

Die Diskussion ist Teil eines abendfüllenden Programms anlässlich des zehnjährigen Bestehens des Studiengangs „Kultur der Metropole“ an der HafenCity Universität Hamburg. Den Auftakt macht die Schweizer Kulturwissenschaftlerin Monika Litscher, die einmal mehr anschaulich macht, dass die aktuellen gesellschaftlichen und vor allem in Städten zu verortenden Herausforderungen und Krisen nicht ohne die Geisteswissenschaften zu meistern sind.
Studierende präsentieren in Form von Werkstattberichten ihre Projektarbeit zum Deutschen Hafenmuseum, zu den Rändern des Urbanen und zu neuen Mensch-Tier-Verhältnissen in der Stadt.
Eingeladen sind Stadtinteressierte, städtische Akteur*innen, Projektpartner*innen, Studierende und Studieninteressierte. Der Eintritt ist frei.

Seit seiner Gründung 2009 ist das Studienprogramm „Kultur der Metropole“ mit seinem Profil einzigartig in der deutschsprachigen Hochschullandschaft und steht für kulturwissen-schaftliche Stadtforschung und kreativ-angewandte Kulturarbeit im urbanen Kontext. Im Mittelpunkt stehen die kulturellen Dimensionen von Stadt (und ihre Wirkung auf alle Handlungsfelder des Städtischen). Gelehrt werden Grundlagen in Kultur- und Raumtheorie, Stadtethnographie, historische Stadtforschung, Museologie sowie künstlerische Forschung – und der Transfer in verschiedene Anwendungsfelder wie städtische Kulturarbeit, aktuelle Stadtentwicklungsprogramme bzw. partizipative Stadtgestaltung, Quartiersmanagement u.v.m.
Absolvent*innen von Kultur der Metropole arbeiten heute erfolgreich auf vielen Feldern der Stadtkultur: in den Deichtorhallen, bei der Behörde für Stadtentwicklung und Umwelt, bei der Kreativgesellschaft, sie promovieren, gründen Modelabels, werden Filmemacher*innen, und Journalist*innen u.v.a.

Wann: Dienstag, 04.02.2020, 19:00 Uhr

Wo: Kampnagel | Jarrestrasse 20 | 22303 Hamburg Veranstaltungsprogramm

DIE ZUKUNFT DER STADT(FORSCHUNG)

19:00 Uhr BEGRÜSSUNG UND VORTRAG
Monika Litscher (Kulturwissenschaftlerin, Zürich) über die »Values of Humanities« und kulturwissenschaftliche Stadtforschung

19:45 Uhr PODIUMSDISKUSSION
Es diskutieren u.a. Tomás Sánchez Criado (Anthropologe, HU Berlin), Amelie Deuflhard (Intendantin Kampnagel, Hamburg), Lisa Kosok (Historikerin, HCU Hamburg), Alexa Färber (Stadtanthropologin, Universität Wien); Moderation: Kathrin Wildner (Stadtethnologin, Berlin/HCU Hamburg) und Laurenz Gottstein (Student Kultur der Metropole /HCU Hamburg)

ab 21:00 UHR PROJEKTPRÄSENTATIONEN VON STUDIERENDEN UND GET TOGETHER

DIY Anthropology: Disciplinary knowledge in crisis

Adolfo Estalella and I take part in a thematic section of the ANUAC. Journal of the Italian Society of Cultural Anthropology, titled Changing margins and relations within European anthropology. In it we shift from a discussion around the geo-political identity of anthropology to its status as a scholarly discipline.

Ours is a situated account of how a particular setting and moment in time affected our anthropological practice: The beginning of the 2010s was a period of political unrest in Spain. Like many other countries, it suffered the harsh effects of the 2007-2008 global financial crisis. However, despite the crisis (or maybe because of it) cities experienced a moment of political creativity and urban inventiveness: People occupied empty buildings and unused plots of vacant land to create all kind of projects, refurnishing the city with an impulse to reanimate collective forms of life. All kind of knowledges blossomed in these initiatives. Our several-years-long ethnographic investigations were carried out in this period in Spain’s main two cities (Madrid and Barcelona)

Thrown into an urban landscape left behind by a policy of financial austerity, we worked intimately with architects, activist designers, and bodily diverse people. Singularly and unexpectedly for us, we found in them the companions we lacked in our local institutional academic contexts. They turned into epistemic partners: companions in the shared endeavour of producing anthropological problematisations. Under these circumstances, the knowledge we produced at the time emerged out of a moment of crisis: knowledge in crisis

We do not intend to argue on the European condition of our anthropological practice, neither we are interested in tracing geo-political frontiers of disciplinary imaginations. Instead, drawing on our ethnographic experience – and the collaborations we established with our epistemic partners in the field – we feel urged to problematize the disciplinary boundaries anthropology conventionally tends to assume

Hence, in the article we offer an account of the interstitial spaces that we both inhabited “in the vacuum of tradition” in the recent Spanish crisis, and how that enabled us to articulate singular relations with variegated epistemic partners with whom we set up distinct ambiances of care. In our ethnographic description we pay attention to the blurring of institutional and scholarly infrastructures and modes of togetherness. In describing the particular transformations – or “intraventions” – that these joint spaces enacted, we would like to intimate a different figuration anthropology took in our practice: Not a disciplinary field but a field of experimental collaborations.

As we show, treating our ethnographic counterparts as epistemic partners has the potential to retrofit our institutionalized settings and disciplinary practices. The anthropology we describe, hence, is one assembled from scratch, caring for the mundane issues that very often are forgotten and rendered invisible: an anthropology done with others, a DIY anthropology?

El Campo de Cebada CC BY 2014 Manuel Domínguez Fernández

Abstract

This is an account of the transformations in our anthropological practice derived from working in the many interstitial spaces that opened up in the wake of the recent Spanish economic crisis. Ambulating in void spaces of Madrid and Barcelona, our anthropological practice was there re-built in ways that blurred our disciplinary boundaries. What there emerged was anthropology not as a disciplinary field, but as a field of experimental collaborations. A practice that re-learnt its ways treating counterparts as true epistemic partners, and setting up distinct ambiances of care with them: not only to care for one another in situations of great difficulty, but mostly to care for our different forms of inquiry, addressing the very situations we were under. An anthropology done together with others, assembling from scratch a conceptual body, caring for the mundane issues that are very often forgotten and rendered invisible by disciplinary fields: A DIY anthropology?

Published in Anuac. Journal of the Italian Society of Cultural Anthropology, 8(2): 143-165 (co-written with Adolfo Estalella) | PDF

Spiele als Stadtforschung / Games as urban research

If you are in Berlin this week, the Stadtlabor for multimodal anthropology invites all of you to the upcoming exhibition „Open Form neu Denken“ organized by Z/KU at the Werkstatt of Haus der Statistik where our games will be featured.

When? October 25–27 2019
Where? Werkstatt Haus der Statistik – Karl-Marx-Allee 1, 10178 Berlin

Come by and play with us!

Events

Friday, 25.10.2019: Opening

Saturday, 26.10.2019: Conference
A conference in the exhibition will be focusing on the concept of open form and how it travels between design, architecture, politics and anthropology. Ignacio Farías and Tomás Criado will give a short input on games as a form of urban research.

Sunday, 27.10.2019: Playing
The Stadtlabor team that worked on the games will be hosting the exhibition and playing and explaining the games to the visitors

More information (German & English)

DE | Spiele als Stadtforschung

Als Stadtlabor entwickeln wir konzeptuelle, spekulative und materielle Werkzeuge, wie etwa Spiele, um auf die aktuellen Krisen des modernen Urbanismus zu reagieren. Trotz oder gerade aufgrund ihrer spielerischen Dimension befähigen uns Spiele, die Art und Weise zu verändern wie wir Themen in Frage stellen, Wissen teilen, Bewusstsein schaffen, kritische Öffentlichkeiten generieren, Zukünfte imaginieren und Fürsorge erlernen.

Die von uns entwickelten Spiele sind keine finalen Produkte, sondern offene Prototypen. Sie sind Ergebnis und Methode unserer Forschung und Werkzeug, um Stadtentwicklungsprozesse gemeinsam zu gestalten. Als solche sind sie offen für Veränderung und Versionierung, damit ihre spezifischen Sprachen, Logiken, Spielweisen und Effekte an spezifische Situationen und unterschiedliche städtische Akteure angepasst werden können.

Unsere Explorationen rund um Spiele begannen im Kontext eines einjährigen ethnographischen MA-Studierendenprojekts The Only Game in Town?, das die aktuelle Krise des Berliner Wohnraums und Immobilienmarkts analysierte. Inspiriert von der Geschichte des Spiels Monopoly – registriert im Jahr 1904 von Elizabeth Magie als The Landlord’s Game und konzipiert als pädagogisches und politisches Instrument, um über die Gefahren von Landmonopolen aufzuklären – haben wir uns vorgenommen, Spielprototypen zu entwickeln, um unsere Forschungsergebnisse zu teilen.

In Zusammenarbeit mit dem ZK/U haben wir drei Spiele entwickelt: (1) House of Gossip problematisiert die drohende Verdrängung von Mieter*innen aus ihrem Wohnraum; (2) in Sue Them All setzt sich ein Kollektiv für gerechte Wohnpolitik ein; und (3) das Kiez Mind Archive schafft einen performativen Raum der Wissensproduktion. In diesem Prozess stellten wir fest, dass die Auseinandersetzung mit Spielen auch unseren Bezug zur Wissensproduktion verändert: vom Beschreiben zum Eingreifen, von Repräsentation zur Konstruktion von Wirklichkeiten, und damit auch zu einem Experimentieren mit der Bedeutung von Politik und Kritik bei der Entwicklung und Nutzung von Spielen.

EN | Games as urban research
In the Stadtlabor for multimodal anthropology, we are developing conceptual, speculative and material tools, such as games, to respond to the current crises of modern urbanism. In spite, or even because of their ludic dimension, games are capable to alter the ways in which we discuss issues, share knowledge, raise awareness, make urban problems public, imagine futures, and learn to care.

The games we have developed are not final products but open prototypes. They are result and method of our research, and work as devices to intervene in urban development processes. As such, they are open to be transformed and re-versioned, so that their specific languages, logics, gameplay, and effects could be adapted to specific situations and concerns of various urban actors.

Our exploration around games started in the context of a one-year ethnographic MA student project The Only Game in Town? analysing the contemporary crisis of housing and real estate markets in Berlin. Inspired by the history of the game Monopoly–registered in 1904 by Elizabeth Magie as The Landlord’s Game and conceived as an educational and political tool to reveal the dangers of land monopolies–, we then set to prototype games as a means to share our research results. In collaboration with ZK/U, we have produced three games: (1) House of Gossip problematizes the threat of displacement of tenants from their homes; (2) in Sue Them All a collective advocates for fair housing policy; and (3) the Kiez Mind Archive creates a performative space of knowledge production. In the process, we discovered that developing games also impacts how we could do research: from describing to intervening, from representing to performing (and breaching) reality, thus experimenting with what politics and critique might mean whenever we prototype and play.

Stadtlabor for Multimodal Anthropology

DE | Das Stadtlabor for Multimodal Anthropology ist eine Forschungsplattform, in der Anthropolog*innen, die an aktuellen Stadtthemen interessiert sind, multimediale Formate der Wissensproduktion und -intervention in Zusammenarbeit mit städtischen Akteuren erkunden und wird vom Lehrstuhl für Stadtanthropologie der Humboldt Universität zu Berlin geführt. Mitglieder, die an der Entwicklung der Spiele beteiligt waren, sind: Diana Mammana, Tan Weigand, Lilian Krischer, Lena Heiss, Leonie Schipke, Indrawan Prabaharyaka, Marie Aline Klinger, Tomás Sánchez Criado und Ignacio Farías.

EN | The Stadtlabor for Multimodal Anthropology is a research platform, where anthropologists interested in contemporary urban issues explore multimedia formats of knowledge production and intervention in collaboration with other urban actors and is run by the Chair of Urban Anthropology at Humboldt University of Berlin. The members who participated in the development of these games are: Diana Mammana, Tan Weigand, Lilian Krischer, Lena Heiss, Leonie Schipke, Indrawan Prabaharyaka, Marie Aline Klinger, Tomás Sánchez Criado and Ignacio Farías.

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Text adapted from the official invitation

Picture by Francisco Montoya

DGSKA 2019 Konstanz – Plenary ‘Envisioning Anthropological Futures’

Under the theme ‘The End of Negotiations? / Das Ende der Aushandlungen?‘ the DGSKA (German Association of Social and Cultural Anthropology) celebrated it’s 2019 conference from September 29th till October 2nd at the Universität Konstanz.

Kristina Mashimi and Thomas Stodulka (on behalf of the DGSKA board) organised and moderated the following plenary session, to which they invited some of us “mid-career scholars” – Janina Kehr (Universität Bern), Sandra Calkins (FU Berlin), Michaela Haug (Universität zu Köln) and yours truly – to envision anthropological futures departing from our own experiences engaging in public, inter and transdisciplinary settings, their epistemic and methodological opportunities and limitations.

Below you could find further information on the session, as well as links to the videos / audio files of our interventions. Hope you enjoy it.

Plenary session IV: Envisioning anthropological futures

Tuesday, 1.10.2019, 9.00-11.00h, Audimax

In the wake of political, economic, and ecological transformations of the contemporary world, and the far-reaching impact of digitalization and mediatization, social and cultural anthropologists are challenged to continuously rethink their theoretical, methodological, and professional practices. Not only are they required to respond to the emerging topical challenges of globalizing, postcolonial research settings by engaging the expertise from other social science and humanities’ disciplines, the wider field of area studies, and the natural and health sciences. They also face growing expectations from their interlocutors, funding organizations, and their immediate professional environments in regard to shifting standards of research ethics and data management, the engagement in various modes of collaborative research, and meeting their responsibilities to society and the public.

This plenary assembles presentations from 4-5 early to mid-career scholars who discuss the challenges and tensions they face when doing anthropology today. They will outline their visions for future positionings of the discipline regarding its epistemological and methodological opportunities and limitations in inter- and transdisciplinary research settings. Furthermore, the panelists will discuss the discipline’s engagement in academic teaching and the move towards open access publishing, as well as its intervention in public debates. As a forum for innovation, the plenary session is less concerned with systematic reviews of previous disciplinary discussions than with the articulation of future visions for practice and collaboration in and beyond the context of anthropology (or, in the German-speaking context, Ethnologie or Sozial- und Kulturanthropologie). The contributions will be published in the upcoming 150th anniversary issue of the Zeitschrift für Ethnologie (ZfE, 2019) which will be edited collectively by the DGSKA board and is due to appear in time for the 2019 conference.

Videos / Audio files

Janina Kehr (Universität Bern): Crafting the Otherwise in Medicine and Anthropology

Tomás Criado (HU Berlin): Anthropology as a careful design practice?

Sandra Calkins (FU Berlin): Writing planetary futures: Plants, loss, and intersections of STS and anthropology in Germany

Michaela Haug (Universität zu Köln): Looking into the future through the lens of hope: environmental change, diverse hopes and the challenge of engagement

Erfahren: Experimente mit technischer Demokratie in Entwurfskursen

Séverine Marguin, Henrike Rabe, Wolfgang Schäffner and Friedrich Schmidgall have recently edited a compilation in German featuring interesting and relevant work in different creative disciplines foregrounding modes of experimenting.

Titled Experimentieren. Einblicke in Praktiken und Versuchsaufbauten zwischen Wissenschaft und Gestaltung (published open access by Transcript Verlag) the scope of the book is as follows:

Forschen und Gestalten sind experimentelle Vorgehensweisen, die darauf ausgerichtet sind, etwas Neues, noch nicht Existierendes hervorzubringen. Sie haben beide Projektcharakter, denn sie führen an einen Nullpunkt des Wissens. Doch welche Strategien und Verfahren sind es, die aus diesem Nichtwissen, diesen Vermutungen und Ideen zu konkreten Ergebnissen führen?

ForscherInnen aus 23 Wissenschafts- und Gestaltungsdisziplinen berichten in diesem Band über ihr Experimentieren und geben Einblicke in ihre Praktiken und Versuchsaufbauten. Er bietet damit eine Bestandsaufnahme zeitgenössischer Experimentalkulturen im Spannungsfeld zwischen Wissenschaft und Gestaltung und skizziert eine Praxeologie des Experiments.

Ignacio Farías and I contribute to the volume with a chapter, where we adapt and translate into German some of the insights from our pedagogical experiments with technical democracy’ at the TU München’s Department of Architecture.

Erfahren: Experimente mit technischer Demokratie in Entwurfskursen

CC BY NC ND 2017 Design in Crisis 2: Coming to our senses (Sofia Ruíz, Irene Landa, Sophie Razaire, Emilie Charrier, Léo Godebout and Lambert Drapeau, Technische Universität München, 2017)

Abstract

In diesem Aufsatz erzählen wir von pädagogischen Herausforderungen, denen wir an einem der größten deutschen Institute für Wissenschafts­ und Technikforschung (STS), dem 2013 an der Technischen Universität München gegründeten Munich Center for Technology in Society (MCTS), begegnet sind. Konzipiert als „integratives Forschungszentrum“ mit Lehrstühlen an verschiedenen Fakultäten, will das MCTS nicht nur verschiedene STS­Traditionen unter einem Dach zusammenbringen, sondern auch mit Formen der Kollaboration und Intervention in den Natur- und Technikwissenschaften experimentieren. Zwischen 2015 und 2018 lehrten wir an der Fakultät für Architektur, wo wir einen vom STS geprägten stadtanthropologischen Ansatz zu aktuellen Herausforderungen technischer Demokratisierung vertraten. Im Folgenden möchten wir experimentelle Strategien aufzeigen, die bei den Entwurfskursen für Masterstudierende der Architektur zum Einsatz kamen. Unsere Experimente hatten ein zentrales konzeptionelles Anliegen: die Bedeutung und die Möglichkeiten von technischer Demokratie für die Ausbildung zukünftiger EntscheidungsträgerInnen in Sachen gebaute Umwelt entfalten.

Published in Experimentieren. Vergleich experimenteller Kulturen in Wissenschaft und Gestaltung Repair (pp. 57-70). Bielefeld: Transcript | PDF

Nordic Design Research Society (Nordes) 2019 conference “Who cares?”- Keynote speech: ‘How to care’

The Nordic Design Research Society (Nordes) organises its 8th biannual conference next 3–4 June 2019 at the Aalto University in Helsinki (Finland), under the timely topic ‘Who cares?‘, whose call looks fantastic:

 What do, or should, we care about in design and design research today? Underpinning the question are issues of culture and agency – who cares, for whom, and how? Taking care, or being cared for, evokes the choice of roles, and processes of interaction, co-creation and even decision-making. Caring, as a verb, emphasizes care as intention, action and labor in relation to others. Care can be understood as concern for that beyond oneself, for others and, thus, human, societal and even material and ecological relations are at stake. The question of care is also a call for questioning relationships, participation and responsibility, democratic and sustainable ways of co-existing. From this expansive societal standpoint, we could even ask who cares about design? And what should we do about it? The 8th biennial Nordes conference poses the question, “Who cares?”, exploring related questions, issues and propositions concerning responsibilities, relationships, ways of doing and directing design today.

[…]

In the 2019 Nordes conference, we draw inspiration from notions of care as a lens through which to reflect upon and critique as well as potentially to refocus and redirect design and design research. Care might be understood in relation to philosophical lines of inquiry in other disciplines exploring theories, politics and ethics of care. Care might be understood concretely in relation to the ideals and infrastructures of welfare and healthcare systems, or service interactions. Care might be understood personally as a mindset seeking out what is meaningful for people, and for life, and with design as reflective and skilled action concerned with improving things and preferred situations.

Thanks to the generous invitation of the organising committee I will have the immense honour to act as one of the keynote speakers, contributing to one of the main themes of the conference: ‘How to care?’ (Care and care-ful materials, methods and processes in design and design research) – For this, I will be sharing my anthropological work on and my different modes of engagement with inclusive design (see the text of my intervention below)

HOW TO CARE?

Keynote speech, 3.06.2019, Helsinki (published online on 9.04.2020)

Dear all,

Before anything, I would like to warmly thank the organizing committee of the NORDES conference for their kind invitation to speak here today.

When I received your proposal I thought this was a fantastic occasion to attempt to think collectively on how to care in and through design practice. But also, an occasion to think through the recent popularization of the term.

Why such a recent fuzz about ‘care’, you might ask?

As the organizers of the conference have aptly identified, care has indeed begun to pop up in many design domains and situations beyond the arena of social and health-care services. And the concept is now being vindicated when discussing particular modes of architectural and design practice: ranging from participatory approaches to discussions around the ecological crisis as requiring designers of all kinds to engage in ‘critical care’.

Care, hence, has become a politically and morally-laden vocabulary for designers to engage with issues of energy transition, environmental concerns and social inclusion. This interesting expansion of the term is indeed bringing about interesting new repertoires of action for designers, but also newer problems: it is sometimes used as an all-purpose and generic term. Having worked in the vicinity of different uses of this term by professional and amateur architects and designers in the last decade, I have trained myself to pause a bit whenever I hear it being used.

To me, care as a concept has a very specific origin in the feminist politicizations searching to make palpable our constitutive vulnerability and to grant value to the ecologies of support and interdependence put in place to sustain our lives. As such, this term not only highlights the practices that can lift what might be heavy, might serve to protect and support. But also it is a fraught terrain with a very thorny legacy of asymmetries and further violence: sometimes, when coupled with a clear-cut knowledge of what needs to be done and how, care could also be a way of imposing understandings of what it might mean to lead a good life or a good death. Perhaps the best thing we might keep in mind is that, as the saying goes, “the road to hell is paved with good intentions”.

Hence, in what follows I will invite you to share a reflection that, at best, will try to incite you to think on your own practices on how to bring forth more careful modes of designing, rather than attempting to tell you what to do. My aim is to lure you in considering that rather than having clear and straightforward ideas on what caring might mean, perhaps to care is always an intervention into the very meanings and ways in which practicing care could be possible and desirable, or not.

In the last decade I have been practicing what I call hyperbolically an anthropology of, through and as inclusive design–having worked on a wide variety of settings where care was vindicated as a domain or concern, from telecare for older people to urban accessibility infrastructures, and in a wide variety of engagements as an anthropologist, from providing ethnographic input to design processes, to working in activist collectives or formally training architects.

Drawing from my work, I will sketch out different versions care: namely, as (i) domain of intervention, as (ii) a method (of inclusion or participation), as (iii) a mode of inquiry, and I will close (iv) advocating that perhaps the best way in which we could mobilize care would be as a way of activating the possible, what is not here yet, what could be otherwise, hence weirding our understandings of care in design, enabling to speculate with alternative knowledge distributions and materialisations of togetherness not based on clear-cut understandings of the good nor consensus and commensurability. Perhaps this is what we might need, to navigate the uncertain conditions of the present.

I. Care as a domain

Most people think that to care about care as designers relates to a particular domain of intervention: namely, that of care services and technologies. Indeed, since the 1990s and as a result of the fear of what some call the ‘silver tsunami’–the alarming prospects of population ageing and its alleged catastrophic impact in welfare systems and everyday informal chains of support–, many designers felt the call to engage in conceiving services and products attempting to bring solutions to this conundrum. Largely conceiving their role as that of technologizing or, more specifically, digitalizing these relations, the last decades have seen the advent of many promising devices and platforms, commonly advertised as solutions bringing a technical fix to care burdens. The list might be long: telecare, AAL, robotics, etc.

After my initial involvement in understanding the prospects of this technologisation, I learnt that despite the great investment put into them, these innovations sit on very problematic grounds: These projects and services tend to work articulating and bringing into the mix private actors, such as insurance companies, perpetually claiming that this could lead to more efficient ways of caring for care. However, the potential for their widespread use still resides on the state sustaining via pensions or direct payments the lives of a vast majority of vulnerable populations. An economy of hope that piggybacks on social states and their incentives to grant solutions for those who could not afford them.

After the 2008 crisis, this machinery was exposed at least in many countries of the European south, and it began to show darker contours: in deflating economies, and in the advent of a crisis of welfare systems, the technologisation of care and the prospect that we will all be taken care of by 1m€ robots seems to me rather flawed.

These innovations usually travel within the closed circuits of a handful of countries of the rich North; not only they do not substitute informal care, which is usually rendered even more invisible as an essential work for them to operate as solutions. Not to mention that we know very little of their polluting footprint. Indeed, making an educated guess, critical work on e-waste, such as Josh Lepawsky’s Reassembling Rubbish, indicates that we should include in the calculations of the impact of many digital innovations their environmental effects: not just in terms of its post-consumer polluting externalities, but also those related to the extraction of materials and their production. In fact, if we held all these things in sight, most of our understandings of welfare tend to be premised upon a human exceptionalist, colonial and extractive project of techno-centric innovation.

Welfare, seen in this light, is revealed as a deeply unsustainable machinery. I don’t mean to say that innovation in that sector is not important or even crucial, precisely to tackle our many social and environmental challenges, but we need to think hard beyond the present-day regime of innovation, revising the promise that nitty-gritty technologisation and hardcore digital infrastructuration will automatically bring the common good, as it risks not only creating further social divides when social states cannot work to redistribute wealth, but also further damaging our environment.

How to do it then?

II. Care as method

Against this background, a popular register for care in product, service and urban design has tended to reinvigorate it as a concern around inclusive methods or means of designing: namely, a worry for non-tokenistic forms of participation and inclusion of concerned publics in the creation and articulation of a wide variety of social and material arrangements. Care, then, here reads as an agenda for processes so that users’ voices, wishes or needs could be heard, discovered, interrogated, made available, shared and discussed in the hope that we could find a more inclusive common ground. In the desire to be more careful, more standpoints should be brought into the equation.

These issues are, for instance, constantly made to emerge in attempts at building urban accessibility infrastructures. Let me share an example: all over Europe a new pedestrianized paradigm has popularized, the ‘shared street’. It is premised upon a gigantic infrastructural transformation of squares and sidewalks using more durable and hard-surface materials, with the idea that if the zoning of street uses–and with it the differences in patterns and heights–was dropped, pedestrians and bikers would be safer, because cars would have to slow down, and pay attention to their surroundings. However, with mounting cases of older or blind or deaf people being hit by cars or motorbikes all over the place, many find these spaces paradoxically much more dangerous than before. Yet, finding a solution by consensus doesn’t look very promising here. Perhaps for these spaces to allow for good forms of pedestrianization the views and needs of some must prevail over others, for this to be a lasting good, and protective solution.

As this example shows well, participation is much more complicated than just bringing all concerned people in or back into the design fabric. Composing a common ground tends to be very complicated when we are not only in the business of the concertation of  already known interests of well-articulate parts of a whole–that is, when we are not dealing with mere stakeholders–, but when we operate with wicked problems affecting us in strange and emergent ways, for which we have no simple nor common definitions of the problem, and therefore much less solutions, and where the process might need us to take part not as a clearly recognizable part of a whole but engaging in more agonistic, critical, and dissent-oriented design practices.

What about those whose views are not that articulate, those whose ways of being and acting do not make of them adequate liberal subjects in the social-democratic search for consensus? What about ‘the part of those without part’, to paraphrase philosopher Jacques Rancière?

In situations like this, to care might not be to enact consensus through the concertation of interests. This doesn’t work when we have incommensurable positions, and when we’re in a situation of uncertainty. How to care, then?

III. Care as a mode of inquiry

What these situations show is that care, rather than a clear path towards a solution, should be addressed as a domain of problematisations, in the sense that Foucault gave the term: that is, as problem spaces whereby we probe into and articulate competing and sometimes opposing versions of the world through particular material and semiotic assemblages.

In that vein, care as a mode of inquiry became an analytic in feminist initiatives: As a descriptive tool, it conveyed the importance not only of invisible or undervalued work — that is, the everyday reproductive tasks of supporting fragile and interdependent beings in both informal and formal settings — but also of affects and emotions going against the grain of modern societies obsessed with efficacy, justice and rationality. As a category of political intervention, it helped give value and articulate a wide variety of forms of interdependence.

These two meanings can be appreciated in the notion of care famously coined, almost thirty years ago, by Berenice Fisher and Joan C. Tronto as “a species activity that includes everything that we do to maintain, continue, and repair our ‘world’ so that we can live in it as well as possible.” (Fisher and Tronto 1990, p. 40)

Many designers have been involved in producing conditions for such a feminist inquiry, in projects of mapping, visualizing and debating alternative cartographies of interdependence and invisible labour.

These projects search to make exclusions and forms of supports visible so as to debate alternative arrangements, also opening up discussions on the very effects of making visiblet.

The feminist legacy of care also points out at the requirement to practice care even though we might not know how to do it, even though we might not be fully sure of how we’re doing it, even though we might constantly be in a search for better ways of being and living or dying together, and even though we might fail most of the time.

Recent feminist works in STS have indeed readdressed care as searching to engage in understandings of ‘doing the good in practice’, to paraphrase Annemarie Mol; not only to dispute generic understandings of how, what or who to care for and why– in fact, care tends to be an art of the singular and the practical, rather than of the generic and the universal–, but also in some other occasions so as to not forget the violent prospects of care interventions. Highlighting the importance to remain, to rejoice, to learn from being troubled from the ways in which we care, not searching to explain them away.

As such, it resonates with the particularly lucid call by Michelle Murphy for a politics of care that unsettles its often-hegemonic histories, as well as contemporary alignments and circulations. Perhaps that might be the best way of caring: not taking for granted how to do so, doubting without ceasing to find ways to act, remaining aware of the potential exclusions it might bring to the fore, so as to find ways to retrace our steps and act towards more just modes of togetherness. And for this, care concerns with practices that stress not just the finitude of our particular bodies and their vulnerabilities, but also their openness and unfinishedness.

Seen in this light care, then, care could be understood as a way of protecting the constitutive vulnerability of being in a way that doesn’t easily conflate to the certainty of who these beings are and what their contours might be: securing hence our ways of remaining open to the unknown, perpetually ‘assembling neglected things’ as María Puig de la Bellacasa has so vehemently put it.

But how to do it, then?

IV. Care as activating the possible

Perhaps the current situations of planetary distress have made us aware that care is now more than ever an issue affecting us all. And yet, although vulnerability and the need to find supports cuts across social divides care risks becoming a too generic a term if not considering the different forms and gradients of intensity to exposure and carelessness.

My warning is raised in a context in which care is also vindicated for the worse in the brutal responses: with its connotations of good will and humanitarianism, care can be problematic if not extremely violent analytic for many collectives and ecologies of practice. For instance, refugees or other collectives subject to social are tend to oppose a vocabulary that renders them into passive subjects of someone else’s attention.

Yet, this problematization or troubling of the care analytic might have become more generic today, when the likes of Trump or Salvini regularly word out “we must take care of our own” as an exclusionary project, be it in the building of more steep and brutal borders or preventing rescue ships from having a safe port in the Mediterranean.

When care is invoked in violent nationalist, supremacist and macho projects of cocooning against our own constitutive otherness; but also when care is vindicated as an expert vocabulary of professional certainty, some of us feel we might need another word.

However, care is too important to be abandoned to its own fate. It is precisely under the influence of these brutal, palliative and reparative understandings of care–that is, those that want to keep things as they are, or restore things to an imagined or aspirational Valhalla of how nice things once were, that we should insist in vindicating and pluralizing care. As I see it, in such a context, care might be understood as a task of what philosopher Isabelle Stengers might call ‘activating the possible’: a way of making available what isn’t there yet, what could be otherwise.

Practiced in this unsettled way, care might be expanded even, not only to many other-than-human and more-than-human ecologies but also beyond the regular modes of politicizing care in all too human affairs.

One of the most interesting places for the recent renewal and expansion of careful design practices have been the many community-making endeavours that emerged after the doomed landscape of the 2008 financial crisis. In Spain, for instance, the indignados protests gave way to a wide variety of crowd-sourced, low-tech and DIY community explorations–analogous to others that appeared in many other locales–exploring forms of activist design with hackers, makers, maintainers, and menders experimenting with recycling, re-use and up-cycling, activating design as a practice bringing forms of care by other means.

Revitalising the critical debates of the 1970s these projects started to show how design practice, as a sometimes technocratic and consumerist-driven modernist endeavor, might as well be part of the many problems of our contemporary predicaments rather than a solution.

As a reaction to these modes of practicing design, these initiatives have created conditions for shared and distributed expertise going well beyond the technocratic pact of social utility of design: whereby designers act as experts in the closure of political and social conflict through solutions–services or products–for the common good, sometimes asking different groups their opinions, or enrolling social scientists like yours truly in learning about users and uses through methods like ethnography or participatory fora.

To me, the most interesting thing is that many of these projects reveal care as a project of what in STS is known as ‘technical democracy’, when searching to remain open to uncertainty, dissent and probing into complex yet collaborative modes of inquiry, with the aspiration to bring forth divergent ecologies of support.

Indeed, these different design enact other roles for designers: as facilitators of ‘socio-material assemblies’ or ‘design things’, as Thomas Binder, Pelle Ehn and colleagues would call them: staging and infrastructuring problems and different modes of engagement in design after design; or as bringing forth critical, speculative, poetic and more explicitly adversarial forms of design practice that elicit and provoke material modes of collective interrogation around design and its effects.

As I see it, these divergent design practices elicit a wide variety of repertoires of caring for the possible, precisely because they operate against how anthropologist Arturo Escobar defines modernist design practices, as operating under the ontological occupation of modernity and its natural and cultural, expert and lay clear divides. Indeed, these projects enact or activate the possible because they practically carve out alternative ontologies of the world and relational modes to the classic modernist ones, however unknown, unfathomable or scary they might seem at first. Indeed, caring for the possible in these endeavours is far from being an easy task.

 Activating things: En torno a la silla

But allow me to exemplify. From 2012 to 2016 I actively participated in a collective space of this kind in Barcelona: an exploratory activist design initiative called En torno a la silla, a wordplay in Spanish signalling an attempt at situating ourselves around, en torno, wheelchairs, sillas, so as to activate other possible environments, entornos, for them. And have been searching ever since to learn from our hyperbolic aspirations, fraught methods and experimental practices to open up inclusion not as a solution but as a problem-space.

En torno a la silla emerged after the indignados protests of 2011, after the recognition that we had no spaces to meet in bodily diversity, and that we might need to make or carve out those spaces so as to keep knowing each other. It started operating as a collective including an architect, professional craftspeople, members of the independent-living movement in Barcelona and me in the role of a documenter.

What gathered us was the intention to prototype a toolkit to turn the wheelchair into something beyond a chair that moves with wheels, but rather as something akin to “an agora that produces agora”: that is, a political and collective space that brings further people in. This was not a participatory design project where designers lured us to work with them in their own solutions or aims, but a collaborative space of inquiry through making where all present contributed in different ways.

For instance, we discovered a lot in the process of creating from scratch a portable wheelchair ramp: not only that we needed to elicit a lot of knowledges about our partners’ bodily diversities and their different types of wheelchairs; but also to think through the technical modes of folding, transportation and unfolding, or the right materials for it to make sense. We also learnt a lot from using it, from the particular effects it created, and the conversations it opened up.

Upon using it the first time in an accessible bar, and publicizing the result on our blog, a debate with colleagues in the independent-living movement ensued; we were accused of undermining the collective struggle by proposing an individual response, but we tried to remain true to what the experience had allowed us: being together in places that had not been imagined for us, opening up an encounter with the people populating them by the sheer act of irruption.

We learnt that the ramp was no solution, but a way of unfolding the problem of inaccessibility in particular situations. And in the joyful way in which we always operated, we started doing it more purposefully: calling the practice that there ensued one of a-saltos, playing with the double meaning in Spanish of jumpy walking, as we were entering places after a jump, as well as one of assaulting, irrupting and disrupting the static normalcy that those places enforced.

Rather than being a project whereby designers cared for known needs and conditions, the intense 4 years that En torno a la silla worked at full steam was rather a process of learning together to care for forms of mutual access, and mutual exploration of whomever wanted to live in bodily diversity, making but also repurposing and recycling all kinds of materials to do so.

This is the reason why we speak in a weird way about what we discovered busy doing: as we came to understand, were not designing technical aids for the of inclusion of the disabled, but caring for the emergence of technologies of friendship, as we called them. That is, spaces of encounter without clarity of purpose beyond the very desire to keep on finding ways of relating at the hinges of unrelatability. Our open approach to design became in time for us a form of inquiring into the conditions of mutual access in bodily diversity.

But working in conditions of ontological occupation, to reiterate Escobar’s appreciation, tends to make things difficult for these attempts at sustaining critical, collaborative and speculative initiatives search to pry open other modes of relating and living together. Many of these projects prove extremely fragile and vulnerable. How could we care for them?

In the last years, much efforts have indeed been put to sustain the liberation of modes of designing that these practices entail. One of the most notable examples has been a concern to infrastructure and generate conditions of exposure to a wide variety of knowledges, through the critical involvement in open-access publication platforms and open-source infrastructures. In opening up to other knowledges and in making them available there lies a hope that we might create alternative resources for alternative modes of living together.

En torno a la silla’s legacy, for instance, remains in the open-source platform that I allowed to put together, with a careful attention to the documentation of our processes of doing and thinking in tutorials, accounts of processes or events, or poetic reflections. However, this liberation of design and its knowledge also needs a welcoming ecology. And for this we need to be aware that open design and its knowledges tend to be framed when not diminished by particularly market-centric and expertocratic conditions of circulation, subject to many disputes in deeply asymmetric contexts of variegated expertise, in many circumstances putting these strategies of opening in danger.

The fraught prospects, hopeful versions and capitalist deformations of the sharing economy are, indeed, here a case in point. As I see it, care here becomes a practical issue for designers whenever searching to test experimental modes of inclusion into the fabric of products, services, platforms, cities or environments. This way of understanding care, then, might demand from us to become activators, so that this openness might flourish. And, for this, to care might mean to open up experimental pedagogic spaces.

Activating pedagogies: Design in crisis

I especially learnt of the difficulties not just to sustain this openness but to create situations of openness when I moved to Germany in 2015. I started working from the belly of the Bavarian beast–if you allow me the pun to talk about the leading German technical university at the core of one of the golden cradles of global corporate capitalism, teaching architects and other types of designers more formally in the chair of participatory design, where I was hired to bring what I had learnt in my variegated engagements in Spain.

From the beginning I faced the many difficulties or sheer impossibilities of translating the modes of thinking and doing I had learnt in the previous years to a context I couldn’t relate to very easily. In fact, this stupid idea of believing I could do it has made me feel a great sense of loss in many a dark night.

I also had to face my naiveté or sheer audacity in having forgotten that institutional spaces of alleged financial or funding abundance are not devoid of other problems of scarcity: a chronic lack of time created by the many commitments and compromises that ‘spending money reasonably’ entail; but also, the lack of a generic care for free processes of collective thought that an individualist focus on career and unit-centric demarcations might create; not to speak of the problems deriving from how well-greased hierarchies might operate in places of monetary power…

Hence, for most of the first year, I was constantly accompanied by a sense if failure: a failure to carve out openings in a hierarchically conceived academic culture; a failure to capture the students’ attention beyond ready-made humanitarian gestures, facing an overall tendency to understand their role as one of ‘problem solving’ and perpetually reenacting technical-social divides, demanding from the social professionals that we provided information about users and uses or methods to deal with the problematic prospects of ‘the social’.

Indeed, and much to my dismay, students and colleagues seemed many times uninterested. But I also realized that perhaps my teaching methods were the problem: lecturing, reading and commenting proved deeply inappropriate.

Under such circumstances, I realized that the best thing one could do is to attempt to put the students’ design in crisis, forcing them to engage in processes of learning to unlearn, to undo, or even to undesign the trained habits, goals and practices of modernist design ontologies, and its market-centric and deeply unsustainable effects. But how to do so? Indeed, such was the premise of a radical pedagogical approach in a series of design studio settings called ‘design in crisis’ put forward together with my colleague Ignacio Farías, which lead to a collective reflection on ways in which STS could be made to matter to design and architecture students in the edited volume Re-learning design, published by the Chilean bilingual journal Diseña.

In our particular approach, we sought to design studio practice, searching to sensitise future designers to other forms of understanding their practice, exposing and confronting them with somewhat impossible tasks that force them to engage in other learning process, as well as exposing them to the potential exclusionary effects of their practice.

That became our aim in a series of design studio projects that we framed under the title Design in Crisis, where we tried to work on creating experimental situations that should function as operating a reflection on our student modes of designing, although

the idea was also to show that this was feasible to make students aware that, however crazy or strange our proposals were, the briefs responded to ‘real’ situations where their particular mode of designing should be readdressed.

In Design in Crisis 1 we made them design at great speeds a series of architectural solutions in a fake competition to provide solutions for a series of humanitarian disasters, such as the refugee crisis, then devoting 3 months to undoing and unfolding the problem of their proposals, making them confront their projects in a wide variety of ways with those who might suffer from them.

However, we realized that we might need to train them to practice these confrontations, and for this, in the following versions, we devoted great lengths to train them in multi-sensory approaches to design, then producing toolkits for an alternative architectural practice: in Design in Crisis 2, for instance, we confronted them with the impossible task to design a toolkit for a blind architect, which led them to develop a tool they called ManualCAD, a multi-sensory tool for co-design processes; and in Design in Crisis 3 the challenge we confronted our students with was to re-learn green space co-design by creating a set of devices–simulation and co-working suits, pipes and chemical substances– to establish enter in a relation with the beavers populating the river Isar, attempting to enable them to participate on its renaturalisation.

The outcomes our students produced might be conceived as potential toolkits for a different kind of architectural design practice. Despite being ‘gadgets’ these toolkits should not be seen as closed ‘objects’, nor well-packaged ‘plug-n-play solutions’.

Quite on the contrary, being accompanied by an open documentation of all the shaky learning outcomes the groups had been through in becoming a group, they function as a re-learning device of sorts: as pedagogical devices performing an ‘intravention’ into architectural practice with the potential of having an impact on our students’ future professional practice and allowing others to follow their steps.

Intraventions, hence, whereby students were exposed to forms of designing more carefully, activating the possibility of alternative architectural modes of designing.

Concluding thoughts

But En torno a la silla or Design in Crisis are just some of the many examples of a potential design practice understood as a form of care for the possible. That is, a form of designing so as to activate other forms of designing. But I am sure you could contribute with many others.

In times of planetary distress and complex future prospects for any form of living together, perhaps we need render ourselves amenable to activating our modes of designing in unforeseen ways.

As I would have liked to propose, perhaps the best thing we could do is to decidedly engage in the design of situations to explore different speculative engagements, demanding from us to engage beyond the strict role of ‘advocates’ or ‘activists’: sites, venues or forums to problematize the worlds we live in by making and provoking distinct registers of appreciation of complex conditions in a wide variety of aesthetic registers and design genres, from the parodic to the fictional. Hence acting as ‘careful troublemakers’, un-doing or un-designing the conditions of those whose actions have the potential to be harmful, so that we could attempt to create uncertain practical openings into the possible, where we might experiment and learn to engage in alternative and hopefully better ways of living together.

Relatar una ecología documental – Intervención en el seminario “Más que texto” (UCM)

El martes 19 de febrero, de 16.00-18-00, participaré en el tercer seminario del ciclo ‘Más que texto. De la mono/grafía antropológica a la inventiva multi-modal‘ que tendrá lugar en el Seminario del Área de Antropología Departamento de Antropología Social y Psicología Social (UCM)

Relatar una ecología documental: En torno a la silla como dispositivo de campo multimodal

¿Qué implica hacer trabajo de campo, tomar notas y producir interpretaciones etnográficas en contextos como los de la cultura libre, poblados por sujetos que documentan ampliamente sus actividades con una inventiva descriptiva, gráfica y textual, que excede las competencias y maneras tradicionales de los profesionales de la antropología? ¿Qué aporta el trabajo antropológico cuando esos mismos actores leen y producen interpretaciones sobre los mundos en que se mueven, empleando referencias académicas análogas a las nuestras? En suma, ¿en qué se convierte la práctica etnográfica o la investigación antropológica en este tipo de sitios ‘para-etnográficos’, como los llamarían Marcus & Holmes? El presente relato recorre las transformaciones experimentales y aprendizajes que mis indagaciones sufrieron a partir de mi participación en el proyecto En torno a la silla–un colectivo de diseño libre desde la diversidad funcional que comenzó a operar en 2012, primordialmente en la ciudad de Barcelona–en el que comencé a colaborar desde sus inicios, documentando los diferentes procesos y actividades o gestionado la ecología documental digital del colectivo.
De ser un ‘estudio de caso’ parte de mi proyecto de investigación postdoctoral sobre el diseño participativo de tecnologías de cuidado, en ese proceso se produjo una transformación. Pasé de ser un etnógrafo a un documentador y, como explicaré, mi etnografía pasó a tener lugar a través de la gestión del blog y otras plataformas digitales así como los eventos–presentaciones y talleres de creación. Esta implicación etnográfica tuvo un impacto también en En torno a la silla, en tanto que esa documentación y reflexión pasaron a ser un problema compartido. Como contaré, en ese proceso, En torno a la silla se convirtió en un ‘dispositivo de campo multimodal’ en torno al relacionarse para relatar y relatar para relacionarse, una plataforma colaborativa y experimental, desde la que problematizar conjuntamente el diseño abierto desde la diversidad funcional.

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Más que texto. De la mono/grafía antropológica a la inventiva multi-modal – Ciclo de seminarios dedicado a investigaciones cuyo conocimiento etnográfico se expresa a través de formas multimodales: representaciones teatrales, formatos visuales, repositorios documentales, manuales didácticos o infraestructuras etnográficas (programa completo aquí).

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Imagen CC BY NC SA Carla Boserman 2014

DISEÑA 12 (2018) RE-APRENDIENDO A DISEÑAR: EXPERIMENTOS PEDAGÓGICOS CON STS EN TALLERES DE DISEÑO | RE-LEARNING DESIGN: PEDAGOGICAL EXPERIMENTS WITH STS IN DESIGN STUDIO COURSES

[ES]  Diseña 12: Esta edición explora las intersecciones entre diseño y STS en talleres académicos y espacios pedagógicos de diseño

[EN] Diseña 12: This special issue explores the crossroads of design and STS in design studio courses

Ignacio Farías & Tomás Sánchez Criado (Eds.)

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Editorial
Renato Bernasconi

4-11 PDF

Aprender diseño con insectos sociales: la hormiga, la araña y la avispa | LEARNING DESIGN WITH SOCIAL INSECTS: THE ANT, THE SPIDER, AND THE WASP
Ester Gisbert Alemany

256-283 PDF

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Lanzamientos oficiales | Official launches

27.3.2018, 19:00 Santiago de Chile.

 

27.7.2018, 12:30-14:00 Lancaster (EASST conference)

If you plan to attend Lancaster’s 2018 EASST conference, please feel welcome to come to our special issue launch: “Pedagogical experiments with STS in design studio courses”

It will take place Friday July 27th at the Marketplace 13:00-14:00 (this will be a brown bag event, so from 12:30 to 13:00 feel welcome to grab your lunch before coming), and we will have Yana Boeva (York University, Toronto) and Teun Zuiderent-Jerak (Linköping University) as guest commentators.
In the last decades, the institutionalization of STS in technical universities has made urgent the challenge of how to teach STS sensibilities and political commitments to a project of technical democracy when operating in the belly of the beast. Focusing on the crossroads of design and STS, “Re-learning Design: Pedagogical experiments with STS in design studio courses” is a bilingual issue of DISEÑA recently edited by Ignacio Farías and Tomás S. Criado, which features a series of interviews and articles on pedagogical experiments with STS in design studio courses undertaken by a diverse range of academics from Europe and the Americas.