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Prestar atención a las sombras urbanas: Zonas críticas de la habitabilidad contemporánea 

Presentación del taller La ciudad de las sombras: Etnografiar la habitabilidad urbana en tiempos de mutación climática (17-21 de junio de 2024 | Barcelona)

Nuestra cultura climática está en crisis. El calor extremo ya no es un evento externo, está entre nosotros, como un mal crónico con profundos efectos desiguales y devastadores.[1]

De manera peculiar para un país como el nuestro, acostumbrado al sol y al calor como un asunto estacional recurrente, esto nos sitúa ante una crisis en la que podemos creernos sobre-preparados. Pero verano tras verano, ola de calor tras ola de calor, los hábitos y prácticas heredados no acaban de funcionar: ya no basta con caminar a cubierto, llevar crema solar, beber mucho, vestirse ligero, bajar las persianas y esperar a que pase lo peor, porque lo peor está por llegar, en esas noches tórridas, tropicales e infernales, como las llaman nuestras colegas de la meteorología.

Las infraestructuras y modos de construcción modernos, que nos hacían sentir a la vanguardia, aparecen hoy irremediablemente problemáticos. Necesitamos un cambio radical. Diferentes organizaciones internacionales e intergubernamentales alertan desde hace tiempo que la respuesta al cambio climático debe partir de las ciudades:[2] asentamientos cada vez más poblados e infraestructuras complejas de cambiar desde los que necesitamos repensar la habitabilidad del planeta.

La mutación climática en curso nos sitúa ante el reto de configurar nuevas ideas urbanas de cuidado, protección o refugio, inventando formas plurales de habitar que protejan a quienes pudieran estar más expuestos o sufrir más sus efectos devastadores.[3] En ese sentido, vivimos un tiempo de urgencia y de búsqueda frenética de soluciones. Sin embargo, y ésta es mi propuesta, además de soluciones infraestructurales o “basadas en la naturaleza” tenemos ante nosotros una tarea importante: esto requiere, sobre todo, redescribir qué es lo urbano.

En situaciones de gran incertidumbre, donde cómo responder es un asunto a veces complicado de imaginar, quizá necesitemos entrenarnos a prestar atención a lo aparentemente irrelevante, pero crucial. Ese es el objeto primordial de este taller, que quiere poner el foco en las sombras: entidades aparentemente ínfimas, pero que articulan nuestra vida urbana y nuestras relaciones cotidianas con el sol y el calor.

Sin duda, no hay nada más convencional que la sombra. En tanto seres terráqueos todos tenemos una. Pero pensar la sombra urbana puede ser algo mucho más profundo de lo que parece, puesto que nos obliga a prestar atención de otra manera a nuestros entornos cotidianos. De hecho, ¿qué es la sombra, sino una relación cambiante en que entramos con el sol a medida que atraviesa nuestros hábitats a lo largo del día?

Edvard Munch (1911) The Sun / Solen

Con Copérnico y Galileo, la modernidad puso al Sol en el centro. Uno de los muchos efectos de ese giro heliocéntrico y su profunda transformación cosmológica es que solemos atribuir a la estrella que preside nuestro firmamento un rol benefactor, la capacidad de dar vida y de irradiarnos con su fuerza, pero esta apreciación regularmente positiva necesita un contrapunto: ¿qué hacer cuando nos daña o nos pone en riesgo, como en las condiciones atmosféricas del calor extremo o en la exposición solar que conduce al melanoma?[4]

La tradición filosófica moderna, pero también nuestras formas de expresión artística y folklore (con innumerables canciones infantiles alabando al sol), tiene dificultades para no tratar con prejuicio todo lo que queda por fuera de esas irradiaciones: una caricatura solarizada, tratada como lo arcaico, lo conservador, lo peligroso, lo turbio de la noche. Sin embargo, y esta es la hipótesis que quisiera compartir aquí, ¿y si nunca fuimos solares? ¿Y si para volver a respirar y pensar, guarecidos de su poder salvaje, a la sombra, necesitemos desplazar al sol del centro?

Esto no necesariamente quiere decir dejar de considerar al sol, ni resucitar la desconfianza platónica que nos condena a no ver más que las sombras proyectadas en las paredes de una cueva. El tipo de pensamiento cobijado que pudiéramos empezar a practicar tiene, más bien, en su centro a la sombra: ¿Y si la sombra no fuera la posibilidad de pensar en negativo, tomando las cosas por lo que no son, sino un modo de pensar protegido del sol abrasador? De hecho, como mostró ampliamente la pintura barroca, las sombras son centrales para nuestra percepción, para nuestro entendimiento del mundo, para nuestra supervivencia. [5]

Con esa clave, nuestra vida terrestre pudiera ser leída como una larga historia interespecífica de cómo los vivientes hemos aprendido a protegernos de su irradiación. Ese es uno de los argumentos más interesantes del trabajo del paleontólogo y geólogo Anthony J. Martin Evolution underground (la evolución bajo tierra), que retraza la importancia evolutiva de las madrigueras y arquitecturas del subsuelo para la supervivencia sobre la faz de la tierra de muchos animales desde tiempos inmemoriales, incluidos los seres humanos.[6]

Pero, yendo más allá, la misma atmósfera, logro inicial bacteriano, con su compleja circulación del aire, o más tarde en la historia de la tierra los mares y las riberas de los ríos o el tapiz irisado de las nubes y los bosques no son sino un gran sistema, con expresiones locales, de formas de captar, regular, disipar o bloquear los rayos del sol. En esta centralidad de la sombra no podemos olvidar a las plantas y su importante papel en hacer habitable nuestro planeta.

El filósofo Emanuele Coccia expresaba esto de forma muy poética en una reciente conferencia en el CENDEAC, titulada “El jardín del mundo”. En ella planteaba que lo que hoy llamamos Tierra no puede entenderse sino como consecución técnica de la vida o la labor de las plantas, cruciales para la producción de la atmósfera y la orografía, así como del oxígeno gracias al cual otros seres vivimos:

“la Tierra tiene un estatuto de artefacto… una producción cultural de todos los seres vivos que lo habitan y no sólo la precondición trascendental para la posibilidad de la vida. Gaia es hija de Flora. El sol es la muñeca cósmica de Flora.”[7]

¿Y qué hubiera sido de la terraformación de nuestro planeta a través de las plantas y, en particular los árboles, de no ser por su capacidad de transformar lo, producir hábitats o microclimas para que muchos animales pudiéramos comenzar a reptar más allá de los mares, cobijados del sol?[8]

De hecho, muchas de nuestras experiencias primordiales de sombra y protección del sol tienen que ver, de hecho, con los delicados entramados del follaje de distintos árboles y plantas. Pensar junto con los árboles nos permite aventurar otra hipótesis sobre la habitabilidad de nuestro planeta: ¿Y si la sombra fuera más importante de lo que nos hemos contado hasta ahora? Es más, a pesar de que suela ser considerada como un producto secundario del sol, su versión en negativo, ¿y si la sombra fuera condición misma de la habitabilidad en la tierra y, por ende, en nuestros entornos urbanos atribulados por la mutación climática?

Lo interesante es que, aunque la sombra sea una vieja conocida, la creciente preocupación ambiental ha hecho que administraciones y profesionales de todo tipo hayan comenzado a recuperar esta relación ambiental cotidiana largamente olvidada por las formas modernas de urbanización. Por esto mismo ha cobrado gran importancia en distintas soluciones técnicas para hacer frente al calor extremo del presente: planes municipales de sombras, itinerarios bioclimáticos o infraestructuras de sombreado.[9] Esto está requiriendo revitalizar saberes y técnicas antiguos, así como especular y crear nuevas soluciones para mitigar y adaptarnos ante el calor creciente.

Decir que no hemos sido solares, prestar atención a las sombras, significa también restaurar la violencia ejercida contra muchas tradiciones ancestrales del habitar por parte de los modernos, con su obsesión higienista por el aire limpio y las calles amplias, controladas y destinadas primordialmente al tránsito. Este urbanismo heliocéntrico fue la forma en que la Razón se hizo ciudad. Frente a ello, colocar la sombra en el centro es restituir su centralidad para la habitabilidad urbana, lo que nos permite admirar con otros ojos a la mal llamada arquitectura vernácula: buscando inspiración.

Sin embargo, decir que nunca hemos sido solares no es tirar la arquitectura modernista por la borda, sino comenzar a advertir formaciones urbanas modernistas para las que la sombra ha sido nuclear. Esto es, se trata de releer la arquitectura y el urbanismo no desde la luz, sino desde la centralidad de la sombra, como plantea el arquitecto Stephen Kite en su libro Shadow-makers, una historia cultural de las sombras como factor modelador de la arquitectura (“shaping factor in architecture”), tanto en las formas tradicionales como modernas.[10]

Aunque gran parte del libro de Kite está consagrado a la importancia de la sombra para definir las oquedades de edificios y espacios interiores, hay un capítulo maravilloso sobre la ciudad islámica mediterránea y de Oriente Próximo, porque ¿qué es la medina –– conglomerado formado por arquitecturas de adobe de cañón largo y usos de toldos o tejidos humedecidos –– sino una gran oda a la sombra como principio de habitabilidad urbana?[11]

Ladouali (2011) La casbah d’Alger

Pero existen también ejemplos interesantes de tratamientos urbanos de la sombra en diferentes tradiciones modernistas que se han desarrollado en climas cálidos y áridos, de lo que trata ampliamente una reciente exposición sobre el modernismo tropical en África y la India comisariada por Christopher Turner en el Victoria and Albert Museum de Londres.[12]

En Barcelona hay también una historia por reconstruir de las arquitecturas modernistas de la sombra, de entre las que destacan los dos umbráculos de los parques de la Ciutadella y Montjuic: estructuras siamesas, pero que funcionan por el principio inverso al invernadero; concebidas como parte del mismo impulso tenebroso que la historiadora de la arquitectura Lydia Kallipoliti denomina las gramáticas de la “aclimatización colonial”, que permitieron el frágil transporte o la relocalización masiva de plantas, animales y personas, para su comercio y exposición, en ocasiones comenzando una nueva vida problemática en el corazón de la metrópolis.[13]

Y, sin embargo, las soluciones del pasado, por problemáticas o interesantes que resulten, no puede ser la solución. Hemos entrado en un momento experimental, de gran estupor. Nuestras ciudades se han convertido en lo que el filósofo y antropólogo francés Bruno Latour llama “zonas críticas”: complejos territorios ignotos, donde los vivientes se están jugando la vida literalmente, pero también donde más se apresuran para seguir haciendo mundos vivibles, en su pluralidad irreductible.[14] El reto ante el que nos sitúa lo que Latour llama el “nuevo régimen climático” en estas zonas críticas urbanas es, por tanto, engendrar formas plurales de habitabilidad en un momento francamente complejo y problemático, sin garantías.[15]

Para responder tentativamente a este reto mayúsculo creo que necesitamos practicar una cultura experimental de la transformación urbana. Esto puede sonar paradójico, lo sé, porque estamos en un momento en el que sentimos que debemos correr para hacer algo. Pero debemos tener cuidado de no convertir esta prisa en un proyecto tecnocrático gobernado por expertos o por élites que le digan o le impongan al resto cómo vivir, como ya ocurrió en el periodo colonial. Si la vida es compleja, si la vida consiste en fabricar las condiciones generativas de hacer la tierra habitable, podemos sin duda advertir que están pasando cosas ciertamente tenebrosas, pero existe un gran peligro de confundir el diagnóstico con la solución, sobre todo cuando no sabemos cómo podremos vivir y con quién.

Precisamente en ese momento de urgencia, necesitamos más que nunca una cultura experimental para repensar la ciudad. Con esta prevención de la solución técnica no quiero decir que no sean importantes innumerables arreglos infraestructurales como pavimentos porosos y reflectantes, espacios de sombra para protegernos del sol de justicia y del efecto isla de calor, o dejar sitio para que la vegetación autóctona se desarrolle o que los animales vuelvan a ocupar un lugar central en las ciudades. Sin lugar a dudas todo esto es central, pero necesitamos ir más allá.

En un momento así, necesitamos también abordar la vida social y cultural de muchos fenómenos atmosféricos y climáticos, como las sombras, sean estas ya existentes o diseñadas. En un presente acalorado, donde la capacidad de cobijarnos del sol abrasador es un bien mal repartido, revitalizar sus saberes y prácticas generativas quizá sea crucial para reaprender a vivir como seres terráqueos. Para ello, quizá necesitemos, un ‘Departamento de Umbrología’ en cada uno de nuestros territorios. 

Este idea está inspirada en una propuesta desarrollada por el escritor Tim Horvath en su cuento corto The discipline of shadows, donde explora las complejas relaciones en un absurdo departamento universitario dedicado al estudio de la vida de las sombras, donde coexisten sin entenderse y generando muchas situaciones cómicas y de incomprensión supina físicos, dramaturgas del teatro de las sombras y filósofos platónicos.[16]

Sin embargo, en un momento absurdo como en el que nos encontramos, el taller es una invitación a co-crear y explorar cómo hacer existir un tipo de espacio inspirado por ese cuento, pero no como un departamento universitario. Más bien, tomando inspiración del trabajo de descripción e intervención artivista de colectivos como Los Angeles Urban Rangers[17] o los experimentos especulativos del Gabinete de Crisis de Ficciones Políticas,[18] quisiéramos imaginar un espacio de trabajo entregado al estudio de y la intervención en la vida urbana de las sombras: una umbrología que atienda tanto a los aspectos físicos y materiales como a las relaciones sociales y culturales.

Para hacerlo existir, a través de distintas actividades queremos entrenarnos a apreciar esta relación ambiental: dedicándonos al estudio etnográfico de las complejas relaciones entre el sol y los edificios, la calle o los árboles, así como el papel que distintos tipos de sombras pueden tener para distintas personas o colectivos y sus modos de sobrevivir al calor abrasador. Apelamos a la centralidad de la etnografía, como forma de indagar por la importancia que otorga al estudio de las prácticas, la sensorialidad y los modos de vida, porque creemos que necesitamos comenzar a entender estos fenómenos ambientales más allá de dos formas convencionales con que solemos hacerlos legibles y discutibles:[19]

  • Por un lado, las prácticas climatológicas y meteorológicas que ponen la temperatura y otras variables atmosféricas como la humedad en el centro, dejando en la sombra las dimensiones vividas o culturales, las formas de vida de las que surgen y las que hacen emerger, que permiten o dificultan distintos climas;
  • Por otro lado, las prácticas de legibilidad del espacio a vista de pájaro y en términos eucliedeanos, como hacen algunas plataformas digitales como ShadeMap o Shadowmap basadas en sistemas de información geográfica como OpenStreetMap que, a través de la geolocalización, permiten simular en nuestros dispositivos la inclinación del sol y las sombras que proyecta el entorno urbano.

Pero quizá para estudiar cómo volver a hacer habitables nuestras ciudades ante un calor creciente, necesitemos también aprender a describir con muchos más matices, tanto simbólicos como efímeros, atendiendo a otros saberes y formas de articular los problemas la nueva terra ignota en que se han convertido nuestras ciudades: fabricando otras cartografías experimentales que, como en el trabajo de Frédérique Aït-Touati, Alexandra Arènes y Axelle Grégoire Terra Forma, nos permitan traer a la centralidad nuestras implicaciones corporales en los climas urbanos que habitamos y la pluralidad de nuestras formas de habitarlos.[20]

La importancia del cuerpo vivido en la etnografía es central porque nos permite dejar de pensar las atmósferas o el clima y, más concretamente, el calor como res extensa: cosas externas desgajadas de nuestro hacer. Antes bien, como bien argumentan diferentes trabajos recientes en los ámbitos de la historia y los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, el clima, las atmósferas y el calor son algo de lo que “participamos en su hacer”, por omisión y comisión, de formas más directas o más distantes, en nuestras prácticas cotidianas, encarnadas y mediadas por diferentes instrumentales técnicos, pero también por los modos en que consumimos y construimos ciudades o, dicho de otra manera, por las prácticas colectivas en las que estamos insertos: nuestra vestimenta, nuestros edificios, nuestros aparatos de aire acondicionado.[21]

Así, la sombra deja de ser un mero efecto natural y adquiere también propiedades culturales relacionales: porque no hay una sombra igual a otra y su singularidad depende de cómo la observemos, practiquemos e interroguemos. Esta sensibilidad me parece importante porque nos ayudaría a repoblar la sombra: no como la presentación en negativo de lo que se ve, algo vacío[22], sino como algo que posibilita y ha posibilitado la vida de muchos colectivos que buscan esconderse de la mirada cegadora de la luz, tanto del sol como del proyecto ilustrado.

La centralidad de la sombra como protectora de otras formas de vida resuena en el trabajo del pensador de la tradición radical negra caribeña Édouard Glissant, que en un contexto que todavía convive con la larga cola del esclavismo, defendió “el derecho a la opacidad” como condición de supervivencia para todas las formas de diferencia.[23] Pero también en el sentido más netamente ambiental del que habla el historiador de la arquitectura y activista de la discapacidad David Gissen.[24] Gissen defiende la necesidad de repensar las formas de urbanización desde muchas formas de vulnerabilidad corporal comúnmente apartadas de la centralidad del urbanismo –– las personas negras, mayores y la infancia, con enfermedades crónicas, diversas funcionales, etc. ––, por los considerables riesgos para la salud que el sol y el calor implican: como la de las personas mayores que sufren en silencio el “aislamiento fatal” de las olas de calor o la de la infinidad de cuerpos negros trabajan en exteriores, expuestos al calor y al sol abrasador.[25] Esto disputaría la centralidad del diseño del espacio público con sol abundante, haciendo crucial la sombra como principio de diseño urbano.

Pensando en los arreglos sociales y materiales de la sombra desde esta diversidad de cuerpos que la necesitan para su sostén cotidiano nos permite pensarla no sólo como “recurso cívico”, sino también como un “índice de desigualdad”: una infraestructura de la habitabilidad urbana central que debiera ser un mandato para los diseñadores urbanos, pero que aparece sometido a diferentes condiciones desiguales de acceso y negociación de la producción espacial, en la regulación de a quién se le permite que produzca o viva en la sombra y cómo, en diferentes contextos. [26]

Por tanto, partiendo de esa sensibilidad antropológica queremos: (i) trabajar en el diseño de pequeños materiales para realizar investigaciones de campo; y (ii) hacer un inventario de prácticas espaciales cotidianas, centrado en la relación que diferentes personas tienen con nuestras perpetuas compañeras como habitantes bajo el sol.[27] Experimentando y especulando con cómo poder hacer realidad diferentes Departamentos de Umbrología –– una confederación de entidades autónomas, singulares y auto-constituidas ––, queremos también liberar, imaginarnos y cultivar nuevas sensibilidades y responsabilidades urbanas sobre cómo hacer nuestras ciudades habitables.

Queremos hacernos responsables de describir, proteger y traer a la luz tenue muchos saberes y formas de inteligencia colectiva subterráneos que necesitan soportes opacos para florecer. Queremos, también, poner en discusión las múltiples necesidades de un gran número de actores singulares muchas veces desplazados de la centralidad urbana: no sólo quienes no pueden pagar la factura del aire acondicionado o quienes necesitan soportes para transformar sus viviendas y espacios de trabajo; hablamos, también, de quienes muchas veces no se contemplan como humanos o se nos aparecen como humanos de segunda, además de una gran cantidad de urbanitas no humanos en los que rara vez pensamos.

Para armar esta propuesta puede ser crucial poner a trabajar conjuntamente muy diferentes saberes, profesionales y colectivos, no sólo académicos ni institucionales, que tenemos la gran suerte de tener en esta sala. Esto nos permitirá, además de imaginar ese departamento que, esperemos, deje de ser una ficción de un cuento, hacer que esto ocurra a través de la generación de un proceso de intercambio mutuo y contaminaciones cruzadas.

Ante este reto, por tanto, necesitamos activamente volver a aprender a describir y dimensionar los problemas ante los que nos encontramos – también los problemas de las soluciones –, para así poder ensayar muchas propuestas para hacer posible la habitabilidad plural de nuestros entornos urbanos. Necesitamos, por tanto, cultivar la especulación urbana: ¡no la inmobiliaria! Me refiero a nuestra capacidad de pensar y repensar las muchas formas posibles que podría tener lo urbano para convertirlo de nuevo en habitable.

Explorando e inventando dispositivos de indagación urbana, bebiendo de sensibilidades y saberes de las artes, las humanidades y las ciencias queremos imaginar cómo equipar esos extraños profesionales de la umbrología, entre lo natural y lo cultural, con un interés particular por el análisis y la política de las sombras. Si tenemos éxito en estos experimentos sobre las formas en que entramos en contacto y describimos los mundos urbanos, haremos aparecer otra ciudad: la ciudad de las sombras, normalmente pasada por alto. Y nos entregaremos a entender su complejidad social, así como la multiplicidad de actores y ensamblajes que la constituyen; las formas de generar sombra, por parte de y para quiénes; así como las formas de socialidad que las sombras permiten como regiones o territorios:[28] atendiendo a sus temporalidades, sus ritmos y sus dramaturgias espaciales.

Ante la mutación climática que cambiará cómo viviremos en las ciudades, queremos, por tanto, contribuir a pensar otras formas posibles de habitabilidad urbana más allá de grandes soluciones de todo propósito y pensadas de forma tecnocrática. Es por ello que nuestra llamada a constituir departamentos de umbrología aparezca como un intento de abrir a reflexión colectiva los modos de respuesta urbana al cambio climático aprendiendo de un gran número de agentes urbanos: incentivando, estimulando y ayudando a sostener sus tejidos de saberes y prácticas en formas que bien pudieran exceder a las responsabilidades de las instituciones. Esa es la tarea de un ‘Departamento de Umbrología’ en nuestros territorios urbanos: salir de las sombras, para estudiar las sombras, trabajando “sobre las sombras, desde las sombras.”[29]


[1] Como lo muestran dos recientes informes de la European Environment Agency: EEA Report No 07/2022: Climate change as a threat to health and well-being in Europe: focus on heat and  infectious diseases, https://www.eea.europa.eu/publications/climate-change-impacts-on-health; EEA Report No 22/2018: Unequal exposure and unequal impacts: social vulnerability to air pollution, noise and extreme temperatures in Europe, https://www.eea.europa.eu/publications/unequal-exposure-and-unequal-impacts

[2] Un buen ejemplo de ello es la centralidad que la cuestión del calor y la respuesta ciudadana tiene en el reciente informe del IPCC de 2022, particularmente su capítulo 6 “Cities, settlements and key infrastructure”, https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/; o las iniciativas de la Arsht-Rock Foundation formando y articulando “heat officers” en diferentes ciudades: https://onebillionresilient.org/project/chief-heat-officers/ o planteando nuevas formas de preparación ante los riesgos de las olas de calor, categorizándolas o nombrándolas: https://onebillionresilient.org/project/categorizing-and-naming-heat-waves/   

[3] Mi argumento bebe y se inspira profundamente en la obra del recientemente fallecido filósofo y antropólogo francés Bruno Latour y muchos de sus colaboradores. En su trabajo de la última década hay una noción central: “Nuevo Régimen Climático”, que remite a los problemas a los que nos ha arrojado un modo de vida particular, la producción y su dependencia de las energías fósiles. Un régimen destructivo que ha transformado nuestros entornos, moldeado nuestros saberes e instituciones políticas durante más de un siglo, poniendo en riesgo la habitabilidad del planeta. Al mismo tiempo, esta caracterización sugiere la posibilidad de su transformación, de un antiguo a un nuevo régimen: lo que supone la búsqueda de otros horizontes de sentido para engendrar formas plurales de habitabilidad en un momento francamente complejo y problemático, sin garantías. Para una introducción, véase Latour, B. (2017). Cara a cara con el planeta. Una nueva mirada sobre el cambio climático alejada de las posiciones apocalípticas. Siglo XXI.

[4] Para una mirada atenta a la pluralidad elemental de prácticas humanas y no humanas, o a la paradoja escalar de las múltiples configuraciones espaciales, corporales, temporales, histórico-culturales de nuestra omnipresente relación con el sol y la disipación de sus rayos o lo que pudiéramos llamar “solaridades” –– desde las formas infraestructurales vinculadas a la transición energética fotovoltaica a aquellas formas relacionadas con la catástrofe antropógena de la carbonificación de la atmósfera (donde el sol aparece como “the source of all withering and desiccation, a maker of monstrous heat”, p.18), por no olvidar de la centralidad planetaria de la fotosíntesis o los ciclos diurnos, o de su efecto en la producción de energías fósiles, por no hablar de nuestros sistemas de percepción visual –– véase la compilación de Howe, C., Diamanti, J., & Moore, A. (Eds.). (2023). Solarities: Elemental Encounters and Refractions. punctum books.

[5] El intento más detallado de restituir la centralidad de la sombra del que tengo conocimiento es el de Casati, R. (2003). Shadows. Unlocking their secrets from Plato to our time. Vintage Books.

[6] Martin, A. J. (2017). The Evolution Underground: Burrows, Bunkers, and the Marvelous Subterranean World Beneath our Feet. Pegasus Books.

[7] Coccia, E. (2021). El jardín del mundo, CENDEAC: https://www.youtube.com/watch?v=mxTQjBwuZRA&t=60s

[8]Albert, B., Halle, F., & Mancuso, S. (2019). Trees. Thames & Hudson; Coccia, E. (2017). La vida de las plantas: Una metafísica de la mixtura. Tipos Infames; Coccia, E. (2021). Metamorfosis. La fascinante continuidad de la vida. Siruela; Leonardi, C., & Stagi, F. (2022). La arquitectura de los árboles. Santa & Cole; Mattern, S. (2021). Tree Thinking. Places Journal, https://doi.org/10.22269/210921

[9] Como, por ejemplo, este concurso de prototipado del Ajuntament de Barcelona: https://bithabitat.barcelona/es/proyectos/sombra/

[10] Kite, S. (2017: 5). Shadow-makers: A cultural history of shadows in architecture. Bloomsbury Academic.

[11] Ludovico, M., Attilio, P. & Ettore, V. (Eds.) (2009). The Mediterranean Medina. Gangemi Editore.

[12] Turner, C. (Ed.) (2024). Tropical Modernism: Architecture and Independence. V&A Publishing.

[13] Kallipoliti, L. (2024). Histories of Ecological Design: An Unfinished Cyclopedia. Actar.

[14] Latour, B., & Weibel, P. (Eds.). (2020). Critical Zones: The Science and Politics of Landing on Earth. ZKM / MIT Press

[15]  Latour, B. (2019). Dónde aterrizar. Cómo orientarse en política. Taurus; Latour, B. (2021). ¿Dónde estoy? Una guía para habitar el planeta. Taurus.

[16] Horvath, T. (2009). The Discipline of Shadows. Conjunctions, 53, 293-311.

[17] Bauch, N., & Scott, E. E. (2012). The Los Angeles Urban Rangers: Actualizing Geographic Thought. Cultural Geographies, 19(3), 401-409; Kanouse, S. (2015). Critical Day Trips: Tourism and Land-Based Practice. In E. E. Scott  & K. Swenson (2015). Critical landscapes: Art, space, politics (pp. 43-56). University of California Press.

[18] Gabinete de Crisis de Ficciones Políticas: https://www.gabinetedecrisis.es/

[19] Hepach, M.G. & Lüder, C. (2023). Sensing Weather and Climate: Phenomenological and Ethnographic Approaches. Environment and Planning F 2 (3): 350–68.

[20] Aït-Touati, F., Arènes, A., & Grégoire, A. (2019). Terra Forma: Manuel de cartographies potentielles. Éditions B42.

[21] Calvillo, N. (2023). Aeropolis: Queering Air in Toxicpolluted Worlds. Columbia Books on Architecture and the City; Fressoz, J.-B., & Locher, F. (2024). Chaos in the Heavens: The Forgotten History of Climate Change. Verso Books; Hsu, H. L. (2024). Air Conditioning. Bloomsbury; Parikka, J., & Dragona, D. (Eds.). (2024). Palabras de tiempo y del clima: Un glosario. Bartlebooth; Starosielski, N. (2021). Media Hot & Cold. Duke University Press.

[22] De la misma manera que los desiertos tampoco están vacíos, representación colonial comúnmente asociada a la justificación de formas de explotación salvaje de tierras áridas:  Henni, S. (Ed.) (2022). Deserts Are Not Empty. Columbia Books on Architecture and the City

[23] Glissant, É. (2017). Por la opacidad. En Poéticas de la relación (pp.219-224). Universidad Nacional de Quilmes.

[24] Gissen, D. (2022). Disabling Environments. In The Architecture of Disability: Buildings, Cities, and Landscapes Beyond Access (pp. 95-114). Minnesota University Press.

[25] Keller, R. C. (2015). Fatal Isolation: The Devastating Paris Heat Wave of 2003. University of Chicago Press; Macktoom, S., Anwar, N.H., & Cross, J. (2023). Hot climates in urban South Asia: Negotiating the right to and the politics of shade at the everyday scale in Karachi. Urban Studies, https://doi.org/10.1177/00420980231195204

[26] Bloch, S. (2019). Shade: An Urban Design Mandate. Places Journal, https://doi.org/10.22269/190423; Macktoom, S., Anwar, N. H., & Cross, J. (2023). Hot climates in urban South Asia: Negotiating the right to and the politics of shade at the everyday scale in Karachi. Urban Studies, https://doi.org/10.1177/00420980231195204

[27] Para un ejemplo interesante, véase Boserman, C. (2023). Dibujos solares: Los caballos de espinacas Sobre antotipias y afectividad ambiental / Solar Drawings: On anthotypies and environmental affectivity. Re-visiones, 13. http://www.re-visiones.net/index.php/RE-VISIONES/article/view/529

[28] En el rico sentido etológico explorado por Despret, V. (2022). Habitar como un pájaro: Modos de hacer y de pensar los territorios. Cactus. Una propuesta que rompe con la idea del territorio como algo que pueda explicarse bien en términos funcionales y económicos o en términos de propiedad, posesión y recursos explotables, reivindicando más bien la necesidad de describirlo desde las múltiples prácticas del habitar que lo constituyen y las artes de la convivencia que hacen posible.

Esta idea es desarrollada por Latour, B. (2021: 90). ¿Dónde estoy? Una guía para habitar el planeta. Taurus, para proponer una cartografía de los territorios diferente de las ideas de “sangre y suelo” que han fundamentado los tradicionalismos y nacionalismos europeos. Esto es crucial, en sus palabras, para orientarse en el Nuevo Régimen Climático, que requiere comprender de “dónde vivimos” a la vez que “de qué vivimos” listando nuestras afiliaciones.

[29] Department of Umbrology: https://umbrology.org/

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Landscaping Pavements > Tarde

Originally published in Tarde

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This issue was prepared by Tomás Criado and curated by Ester Gisbert Alemany. Design and edition: Santiago Orrego

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Download Zine | DOI: 10.17605/OSF.IO/RCASX

Editorial note: Landscaping Pavements is the first issue in a series of urban explorations that are part of an ongoing collaboration between Tarde and xcol.org.

We, modernist urbanites, tend to have a very strange relation to the streets we tread on as if walking was an act of material oblivion. Indeed, every step seems to push us further away from them instead of bringing us closer to the ground. It’s as if the pavements we walk on permanently disappeared from view: their silent permanence, stubborn smoothness, and standardized sturdiness becoming almost unthinkable. As if they were just there, supporting without mattering much, as well-ordered stages of public life, quintessential furniture of liberal ideas of politics: our contemporary agora! [1] So much so that only children dare to ask: who has laid the streets overnight for us to walk on them? 

The streets and the sidewalks, as we know them, need to be conceived, invented, and installed, and they are permanently under maintenance. Hence, pavements, not just pedestrians, also deserve a genealogy! [2] In fact, they bear in them the imprint of the clean slate of progress and modernity: from their durable materials – tarmac or granite, you name it – extracted from the belly of the Earth to their bulldozed modes of construction as perfectly sealed soils [3]. This is their secret engine, the unrevealed truth, the machinery they conceal, so we don’t think much of them. 

Even if there have been many traditions of incredible technical prowess, creating walkable roads and ways across the globe – The Great Wall of China! The Andean Qhapac Ñan! –  paved streets stand out as a peculiarly modernist infrastructure: the result of early Modern zonification to prevent killings from horse and chariot transit, subject to subsequent endless policing and reforms for the sake of hygiene and decorum. Later on paving, literally, the way for automotion to take the world as a hostage [4].

Their construction has brought about the modern city as we know it and has also partaken in assembling its quintessential walkers: from the need to wear shoes to the compacted ground on which we walk. So much so that the beloved flâneur of Walter Benjamin cannot be thought of but as an infrastructural being, the result of Hausmann’s spatial reordering: nature below, what only experts can access to, culture above, for us to window-shop into eternity [5]. The academic and political centrality of a white, able-bodied male figure standing out for the profound oblivion of the material world that bore its creation is also a symbol of many things that cannot go on, damn urban studies!

In the meantime, Euro-American urbanists seem to have been captured with what Gordon Cullen called ‘townscapes’: a rather peculiar form of landscape design promising visual coherence, orderliness, and organization of “the jumble of buildings, streets, and space that make up the urban environment”[6]. The frenzy of late 19th-century urban modernization laid the grounds for pavements to become everyday, more highly technical endeavors. This is the marvelous tale historian of art Danae Esparza recounted in her incredible book Barcelona a ras de suelo (Barcelona at ground level)[7]: a detailed exploration of the perpetual redesign that the city’s pavements have undergone since the Romans. One of the most salient features being the devoted efforts in the last one hundred years to engineer their durable and stable foundations – compacting the soil, layering insulation materials like aggregate – together with patterning the outer crust, its walkability and grip, in attempts at rendering urban space readable: a legible milieu? Nothing represents this better than the Panot Gaudí, “the hexagonal hydraulic tile he [architect Antoni Gaudí] designed in 1904 in conjunction with Escofet”[8]. As a result of the work of the municipality, together with corporations that have specialized in designing ‘urban elements,’ pavements have become part of a system: one more element of a catalog of products by which a deeply modernist city is perpetually made and remade into a static image of itself, a collage of ready-made building types, their additions and subtractions.

The tensions that these demands generate were apparent in a rare gem of an exhibition, titled Debaixo dos nossos pés (Under our feet)[9], which opened Lisbon’s inner guts to foreground a multi-layered display of pavements from the times of its first inhabitants to the present. The exhibition happened at a time of increasing pressures for urban standardization, not just having city branding at their core but also concerns for accessibility, desperately demanded by disabled and older people for decades. The strange lure and aestheticization of an urban image can also happen at the expense of traditional forms of street-making, pushing aside those who manipulate them. This has become evident in public struggles to keep their early modern ‘traditional’ configuration (calçada portuguesa, a peculiar form of cobblestone-based pattern) and the communities of practice of their soon-to-be-extinct trade (calceteiros), unless turned into World Heritage, a paradoxical fixation to resist a more contemporary fixity?

Ecologically speaking, this fixation is also highly problematic. In his signature process-oriented anthropology, which attends to the dynamic processes of sentient beings’ world-formation, Tim Ingold takes issue with the modernist practice of hard surfacing the earth because it “actually blocks the very intermingling of substances with the medium that is essential to life, growth, and inhabitation”[10].

This is far from being a cumbersome theoretical issue: the European Environmental Agency has been alerting for years of the many problems that sealed soils are bringing to the fore– related to heat island effects and underground degradation –particularly in urban settings[11]. As a consequence, environmentally-minded architects and urban planners have started to uncover ‘the beach beneath the street’: depaving the streets or creating porous sidewalk materials to foster the important underground soil relations essential to life on Earth[12].

Far from being the dirt beneath our shoes, in geography, anthropology, and environmental humanities, the very soils we used to tread on are increasingly becoming a matter of relational engendering with different beings, animating newer forms of social theory and eco-political practice[13]. The world beneath our feet, hence, appears before us as a moving territory with its own history, formed – or even ‘terraformed’ – by a wide variety of beings, from worms and plants to different animals and human groups. 

Perhaps there would be no better way to re-enliven pavements and their politics than to treat them as landscapes in their own right. Not in the early modern sense of the term – used in geography and other cognate disciplines to fixate stable nature-cultural patterns[14] – or in the same sense that still breathes in the notion of townscape mentioned before, but in a new materialist sense: thinking from their complex temporal and spatial material interconnectedness and their ongoing, engendering process[15]. All of a sudden, the streets we walk cease being the same. What appeared static, indeed, moves! Pavements are, indeed, terraformed. This can happen in strange and imperceptible ways as part of the earthly transformation of microbiota or weeds. However, pavements are also ‘being moved’ due to violent capitalist extraction, as it happens in the far-away travels of many of the anonymous materials that constitute the world at our feet, captured landscapes whose origins remain obscure[16].

Holding these two forms of terraformation in tension, treating pavements as landscapes – put otherwise, ‘landscaping’ pavements – might be a way for them to start speaking back. Not as the mute foundations of the present but in their strange temporal mash-ups: between deep and shallow time. Manuel de Landa provides an apt metaphor for this approach to city-making: “About 8000 years ago, human populations began mineralizing … when they developed an urban exoskeleton, bricks of sun-dried clay became building materials, stone monuments, and defensive walls”[17]. A good example of this mineralization, a peculiar form of landscaping pavements, is the city of Rome. But not the classic and boring take that obsessed many neoclassic and fascist architects and artists. I’m thinking here of the fantastic visualizations landscape architect Kristi Cheramie has worked hard to unearth: in them, Rome appears formed as a concatenation of acts of landscaping. The contemporary city is deeply entrenched in the terraformation that the ancient one undertook. A geological entity whose complex boundaries are also those of the very Mediterranean olive oil trade, sedimenting a way of living as well as the mode of circulation that saw its growth and demise [18]. Landscaping pavements enable us to study and dimension the agents involved, their temporal and spatial effects, their material configurations, and their acts of becoming with them [19]. Thus understood, our urban arenas appear as layered compounds, ongoing palimpsests through and through [20]. Conceived in this way, the city, as Francesc Perers calls it in a rather peculiar photo-book on Barcelona’s sidewalk archaeology, turns into “a cohabitation of strata”[21]. 

How could we begin to exercise this landscaping approach when we walk?[22] What exercises could we engage to reconnect to and partake in these underground palimpsests that are also our very mineral and multispecies condition? How do we liberate pavements and inhabit closer to them, entering into newer urban formations?[23

The exercises proposed in this issue wish to propose concrete avenues for this to happen. Following them, perhaps the next time you walk into the streets, walking might just be the beginning of a passionate conversation at the tip of your feet:

What could you tell me, oh, anonymous piece of stone? 

From what quarry do you come from? Who took you from the belly of the Earth? Who broke and dismembered you from the common body of other stones, using what machine? What standard shaped you? How might others resist the corset you provide? How will you let me walk on you when it rains? 

Oh, you macadam, strange collective body, interconnected and singular, strangely one, what life can you also give? How have you been prepared for me to tread you, using what procedures? Under what technical or parliamentary regulations? How could you resist this encounter? 

Oh, you all strange pavements: What life do you also partake of? What new city could we engender, together with the others who could crack you, and make you into their new home?

Online references

[1] Loukaitou-Sideris, A., & Ehrenfeucht, R. (2011). Sidewalks: Conflict and Negotiation over Public Space. MIT.

[2] Blomley, N. (2011). Rights of Passage: Sidewalks and the Regulation of Public Flow. Routledge.

[3] Ammon, F. (2016). Bulldozer: Demolition and Clearance of the Postwar Landscape. Yale University Press.

[4] Norton, P. D. (2008). Fighting Traffic: The Dawn of the Motor Age in the American City. MIT.

[5] Meulemans, G. (2017). The Lure of Pedogenesis: An Anthropological Foray into Making Urban Soils in Contemporary France. PhD in Anthropology, University of Aberdeen; Domínguez Rubio, F., & Fogué, U. (2013). Technifying Public Space and Publicizing Infrastructures: Exploring New Urban Political Ecologies through the Square of General Vara del Rey. International Journal of Urban and Regional Research37(3), 1035–1052.

[6] Cullen, G. (1961). The Concise Townscape. Routledge. 

[7] Esparza, D. (2017). Barcelona a ras de suelo. Universitat de Barcelona Edicions.

[8] See https://www.escofet.com/en/blog/true-story-gaudis-panot 

[9] Bugalhão, J., Fernandes, L. & Fernandes, P.A. (2017). Debaixo dos Nossos Pés. Pavimentos históricos de Lisboa. Museu de Lisboa.

[10] Ingold, T. (2011: 124). Being Alive: Essays on Movement, Knowledge and Description. Routledge.

[11] See https://www.eea.europa.eu/articles/urban-soil-sealing-in-europe 

[12] Núñez Rodríguez, M. (2015). ¡Bajo el asfalto, los adoquines! Proyecto de investigación sobre los servicios ecosistémicos de distintos pavimentos. Ayuntamiento de Madrid, https://mmmapa.com/portfolio/bajo-el-asfalto-los-adoquines-proyecto-de-investigacion-sobre-los-servicios-ecosistemicos-de-distintos-pavimentos; Baraniuk, C. (23rd February 2024) The cities stripping out concrete for earth and plants. BBChttps://www.bbc.com/future/article/20240222-depaving-the-cities-replacing-concrete-with-earth-and-plants; BitHabitat (2022) https://bithabitat.barcelona/projectes/el-panot-del-segle-xxi

[13] Salazar, J. F., Granjou, C., Kearnes, M., Krzywoszynska, A. & Tironi, M. (Eds). (2020). Thinking with Soils: Material Politics and Social Theory. Bloomsbury.

[14] Wylie, J. (2007). Landscape. Routledge.

[15] Seibert, M. (Ed.). (2021). Atlas of material worlds: Mapping the agency of matter for a new landscape practice. Routledge; Harkness, R. (2017). An Unfinished Compendium of Materials. University of Aberdeen.

[16] Cronon, W. (1992) Nature’s Metropolis: Chicago and the Great West. W.W. Norton and Co.; Hutton, J. (2020). Reciprocal Landscapes: Stories of Material Movements. Routledge.

[17] de Landa, M. (1997: 26-27). A Thousand Years of Non-Linear History. Zone Books.  

[18] Cheramie, K. (2020). Through Time and the City: Notes on Rome. Routledge.

[19] Gisbert Alemany, E. (2022). To do a landscape: Variations of the Costa Blanca. PhD in Architecture. University of Alicante

[20] Mattern, S. (2017). Code and Clay, Data and Dirt: Five Thousand Years of Urban Media. University of Minnesota Press; for a challenging example, see the Ghost Rivers “public art project & walking tour, rediscovering hidden streams and histories that run beneath our feet”: https://ghostrivers.com/ 

[21] Perers, F. (2017: 131) Voreres. La memòria subtil. Ajuntament de Barcelona.

[22] Mattern, S. (2013). Infrastructural Tourism: From the Interstate to the Internet. Places. https://placesjournal.org/article/infrastructural-tourism/; Kanouse, S. (2015). Critical Day Trips: Tourism and Land-Based Practice. In E. E. Scott  & K. Swenson (2015). Critical landscapes: Art, space, politics (pp. 43-56). University of California Press; Shepherd, N., & Ernsten, C. (2021). An Anthropocene journey. In H. S. Rogers, M. K. Halpern, K. D. Ridder-Vignone, & D. Hannah, Routledge Handbook of Art, Science, and Technology Studies (pp. 563–576). Routledge.

[23] Duperrex, M. (2022). La rivière et le bulldozer. Premier Parallèle.

***

This number experiments with a different folding format. Although it starts with an A4 piece of paper and keeps the original A7 form when it is folded, the process of assembling it changes dramatically. The most notorious of those changes is the design of a small foldable gallery by taking advantage of different paper cuts.

Recommended citation: Criado, T.S. (2024). Landscaping Pavements. Tarde, a handbook of minimal and irrellevant urban entanglements, 5. DOI: 10.17605/OSF.IO/RCASX

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Naked Fieldnotes. A Rough Guide to Ethnographic Writing

Denielle Elliott & Matthew J. Wolf-Meyer have been for the last years working on a much-needed compilation on the art of fieldnotes, called Naked Fieldnotes. A Rough Guide to Ethnographic Writing. The volume has been recently published by Minnesota University Press.

In their words:

Unlocking the experience of conducting qualitative research, Naked Fieldnotes pairs fieldnotes based on observations, interviews, and other contemporary modes of recording research encounters with short, reflective essays, offering rich examples of how fieldnotes are shaped by research experiences. By granting access to these personal archives, the contributors unsettle taboos about the privacy of ethnographic writing and give scholars a diverse, multimodal approach to conceptualizing and doing ethnographic fieldwork.

As they expound in the introduction:

The practice of writing a fieldnote—­ what goes in, what is left out, who the audience is—­ is a difficult one to acquire, which is belied by the breadth of books and classes that purport to teach novice ethnographers to write fieldnotes. Like any writing, fieldnotes are the outcome of a learned sensibility that can be acquired only through the practice of writing […] This is one of the persistent challenges of teaching ethnographic methods, particularly when most of what students learn about ethnographic writing and fieldnotes is inferred from exemplary ethnographies. Students want prescriptive, generic expectations of what goes into a fieldnote and what a fieldnote should look like, thereby ensuring their writing of “good” fieldnotes; as an index of this sentiment, a few exceptional (p. x)

Growing out of the frustrations we have had as novice ethnographers—­ and that we have shared with our students—­ this collection of fieldnotes is intended to dispel the myths about the charismatic nature of fieldnotes and ethnographers by providing readers with a diversity of techniques, generic experiments, and objects and processes of ethnographic investigation so as to show how research and writing are always shaped by the sensibilities of researchers and the shapes of the ethnographic projects they are conducting. Fieldnotes are always experimental in their attempts to capture that experience. (p.xi)

I very much wish to thank them for their invitation to share one of mine, titled:

Munich, Blind Activism, Participatory Urban Design, November 2015

This note is part of my attempt at doing fieldwork with the Bavarian Association for the Blind and Partially Sighted (BBSB). It captures one of the organization’s in/accessibility explorations of a square in Munich on November 12, 2015. This took place after the square had already been finalized by the city administration, an anomaly in how to involve disabled people in design projects. As the blind activists already knew, the square presented many inaccessibility issues. Doing fieldwork in a very graphic-­intensive field like architecture requires one to think from the visual materials, so when I was handed the promotional brochure, including pictures and renderings, architectural diagrams, and an explanation of the urban intervention, I took a very fast decision: I put away my phone, which I used only to take my own pictures, mostly to remember the details they were talking about as well as the steps, and I opted to scribble on top of the brochure. I followed them for about three hours (from nine in the morning to noon) as they went about different aspects: the tactile differentiation of the creative pavements, the color differentiation of the pavements, and a few other things. My scribbled notes were rather nonlinear interjections, taken at different moments in the brochure. The pictures I took with my phone allowed me to have a sense of sequence afterward.

Recommended citation: Criado, T.S. (2024). Munich, blind activism, participatory urban design, November 2015. In D. Elliott & M. Wolf-Meyer (Eds.) Naked Fieldnotes: A Compendium of Raw and Unedited Ethnographic Research (pp. 59-70). Minnesota: Minnesota University Press | PDF

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Reassembling Ageing, Ecologising Care?

Upon Patrick Laviolette and Aleksandar Bošković’s invitation, I have written the Anthropological Journal of European Culture’s Editorial Response to Issue 32(1) on Materialities of Age & Ageing.

Reassembling Ageing, Ecologising Care?

Welfare states and market actors across the world have transformed what ageing as a process and being old as an embodied identity might be today, through a wide range of equipment, services and infrastructures. This ‘material’, when not ‘materialist’ drive is the object of analysis of the proposals gathered in AJEC‘s 32(1) special issue, which features different case studies aiming to foreground hitherto under-analysed ‘age-related matters’ to offer conceptual and ethnographic proposals to better understand what the editors call ‘landscapes of ageing and pressing gerontological concerns.’ The backbone of this special issue addresses how ‘material culture’ works in anthropology might be affected by what in other neighbouring disciplines like STS and Ageing studies is being addressed as a ‘socio-gerontechnological’ approach: that is, a joint attention to how ageing is a material process, as well as how materials inscribe or support peculiar meanings or ontologies of ageing.

Drawing from the recent experience of teaching the StudienprojektAgeing Cities: The Crisis of Welfare Infrastructures’ – and particularly reflecting on a field trip where we visited Benidorm and other ageing enclaves in the Costa Blanca (Alicante, Spain) – in my editorial response I wish to take issue with the need to widen this material agenda around ageing bodies and their situated enactments, thinking beyond classic ‘material culture’ objects of study – the home and everyday technologies – and venturing into wider and more convoluted urban arenas, with their variegated scales and material entities. These problematisations, I believe, would force us to provide less metaphorical uses of ecological vocabularies, hence addressing the challenges that these materialised ‘landscapes’ entail for to our conceptions and practices of care: perhaps pushing us to consider the very environmental effects of ageing-friendly modes inhabiting and terraforming, and the new forms of care these landscapes – deeply affecting, in turn, ageing processes — might need?

Recommended citation: Criado, T. S. (2023). Reassembling Ageing, Ecologising Care? (Editorial Response to Issue 32(1) on Materialities of Age & Ageing). Anthropological Journal of European Cultures32(2), v-xii | PDF

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Learning with others about neurodiverse spatial practice > GeoAgenda “Field Trips as Pedagogical Devices”

For the most recent issue of GeoAgenda, the journal of the Swiss Association of Geography, Julio Paulos and Sven Daniel Wolfe have put together a collection of short interventions around the theme “Field Trips as Pedagogical Devices”

The main question they sought to explore was: What are the educational benefits of urban field trips? This special issue of GeoAgenda aims to answer this question through a series of stories, experiences and reflections.

As they suggest in their introduction (p.4):

Field trips are a common unit of study in geography curricula, and they are widely valued for the valuable hands-on learning experiences they provide. Nevertheless, they remain peripheral to most geography curricula. We don’t mean to suggest that field trips should be at the centre of teaching, but that a rethinking of teaching formats outside the classroom, and even within the classroom, is necessary to prepare students for the realities they will encounter once they graduate or leave academia. Field trips give students (and teachers) a vivid, first-hand understanding of (urban) environments. They allow for an exploration of the complexity, diversity, and multiplicities of urban life in a way that cannot be conveyed by classroom instruction alone.

This issue highlights these benefits, but also delves deeper into the issues of reflecting the standards of classroom teaching. In doing so, it calls for a more situated and experimental rethinking of university education.

Upon the gracious invitation of Julio (to whom I’d like to thank here), together with Micol Rispoli and Patrick Bieler we contribute to it with a short piece called:

Learning with others about neurodiverse spatial practice

In early 2020 Micol Rispoli (architect) and Tomás Criado (anthropologist) were working on a design experiment exploring how neurodiverse spatial practice might put architectural design practice in crisis. In previous months they had been engaging with a neurodivergent person and his family. They also had been revising standard architectural approaches to accessible design, in particular with neurodivergent people. But they felt they needed to discuss their predicaments with someone more experienced in these issues. Tomás, then, engaged his colleague Patrick Bieler (anthropologist), an experienced researcher on these matters, to join the conversation.

What follows is the account of a trip to the sights of Patrick’s fieldwork, where we tried to learn together what neurodiverse spatial practice might do to urban design.

Recommended citation: Rispoli, M.; Criado, T. & Bieler, P. (2023). Learning with others about neurodiverse spatial practice. GeoAgenda, 2023/2: 18-19 | PDF

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Studienprojekt “Ageing Cities” > Presentation at the IfEE’s Institutskolloquium on Collective Access

Next Tuesday 19.07.2022 2:30-4pm (CET) please join us for the presentation of the Studienprojekt Ageing Cities by Maximilian Apel, Erman Dinc, Christine Maicher, Adam Petras, Doreen Sauer, and Anna Maria Schlotmann, the wonderful group of people with whom I have had the immense luck to work with in the last year.

In this year we’ve been exploring ethnographically how cities & urban designers are responding to the challenge of population ageing, and how we could understand as ethnographers the social & material transformations underway in their efforts to make ‘ageing-friendly’ cities (check the syllabus of the project)

In this choral presentation we aim to show our findings, searching to answer these questions through specific cases, most of them taking place in Berlin (on variegated issues like intergenerational and intercultural gardens or queer housing projects; the urban activism of the gray panthers; the controversies in public space design, focusing particularly on the conflicts of bike infrastructure; and VR projects to enable urban displacement or travel for older people living in residential care homes).

The picture describes a steep street from Alicante. The left part shows the sidewalk, where an older woman with her walker can be seen from behind. The middle part of the picture displays the bike infrastructures. The right part the street and parking spaces. Framing it from both sides there are 4-storey buildings.

The course has also included an excursion in April 2022 to Alicante, Benidorm and neighbouring urban enclaves in Costa Blanca (Spain). This is a very relevant area because of how ageing concerns have turned, since the 1960s, into a vector of urbanisation in the region – developing into what some geographers call “the pensioners’ coast.” But also, and perhaps more importantly, they have sensitised urban designers from the area to respond to these intergenerational design challenges in different ways. In a joint endeavour with STS-inspired architectural researchers from the Critical Pedagogies, Ecological Politics and Material Practices research group of the University of Alicante, this visit allowed us to explore different approaches to architectural practice where older people have more active roles in the design and management of ageing cities.

In showing all of this we not only wish to tell specific stories, but want to share our conceptual and methodological explorations, and the many questions this process brought about around the contested scripts and the distinctive intergenerational challenges of late life urbanism projects

This will be the last session of the Instituskolloquium of the Institut für Europäische Ethnologie (HU Berlin), which this semester had as a theme ‘Collective Access‘.

Here you could view the video recorded from Zoom
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House of Gossip > Open-source game developed by the Stadtlabor for Multimodal Anthropology

House of Gossip is an open-source downloadable game (developed by the Stadtlabor for Multimodal Anthropology of the HU Berlin) that stages and creates the grounds for reflection on conflicts regarding housing and the different viewpoints in a volatile real estate market.

A first prototype of the game was developed – in collaboration with colleagues at the Zentrum für Kunst und Urbanistik (ZK/U) – in a hackathon together with MA students of the Studienprojekt “The only game in town? Anthropology and the housing markets in Berlin” (2018-2019) at the Institut für Europäische Ethnologie (HU Berlin), and showcased in the “Open Form neu denken” exhibition (organized by Z/KU at the Werkstatt of Haus der Statistik in October 25–27 2019). In the last two years we’ve been working on creating a downloadable and playable version of it.

Credits

Game concept (in alphabetical order): Tomás Criado, Ignacio Farías, Lena Heiss, Marie Aline Klinger, Lilian Krischer, Leonie Schipke & Tan Weigand. 

Game art by Vasylysa Shchogoleva

CC BY NC SA 2021 Stadtlabor for Multimodal Anthropology, HU Berlin

Context

Berlin, late 2010s, all across the city real estate is changing hands fast, the market is hot and many are investing, houses are revaluing. As it tends to happen, this situation has at least two different sides:

Scene 1

– “What about this building? Might you have found a good opportunity here?”
– “It indeed looks nice, but have we explored if it’s in good condition?”

– “The architect sent me this report, look, all clear.” – “It certainly looks promising.”
– “It’s time to act fast.”
– “Ok, yes, let’s go for this house!”

Scene 2

– “Hi, how was your day?”
– “Nothing special, yours?”
– “I heard rumours, two neighbours speaking in the corridor: the building is finally going to be bought!” – “Yes, there was a letter in the mail, look”.
– “But… What will happen to us? Will we have to move if they raise the rent?”
– “We have to do something…”
– “But we know nearly no one in the house.”

“When an apartment building is to be sold, every single alarm bell sets off for the residents. In view of the horrendous purchase prices, there is a danger of being displaced by higher rents or even conversion into condominiums.”

Rationale

House of Gossip is  an open-source downloadable game that stages and creates the grounds for reflection on conflicts regarding housing and the different viewpoints in a volatile real estate market. In the game, you will have the opportunity to play either as a resident of the house or as a covert buyer, acting as one of the house’s residents.

In a process where no one can be certain about anything, gossip abounds: In the game you will have to gather information form alliances and find your way to save (as residents) or buy (as the buyer) the house! Think twice about who and when you want to share your information with!

During the course of the game you will repeatedly encounter your neighbours in the stairway to exchange gossip. Your main goal is not just to understand to whom you’re talking to, but also to perform in front of others and form alliances for one of the two competing purposes of the game: Buying or saving the house.

Those who manage to gather the necessary gossips will in the end win the game. Will the house community manage to resist or could the buyer succeed in acquiring the new property?

Download link

The game can be downloaded here.

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Uncommoning the city | Hacer la ciudad poco común

Guillermo Fernández-Abascal and Urtzi Grau recently edited the bilingual compilation Coches, humanos y bordillos, aprendiendo a vivir juntos | Learning to Live Together: Cars, Humans, and Kerbs in Solidarity, which has just been published by Bartlebooth. A volume on the conflicts and possibilities of new more or less digital forms of city-making and urban life.

Contribuciones de / Contributions by Ibiye Camp, Brendan Cormier, Noortje Marres, Hamish McIntosh, Simone C. Niquille / Technoflesh, Marina Otero Verzier, Tomás Sánchez Criado, Brenton Alexander Smith, Lara Lesmes + Fredrik Hellberg (Space Popular), Liam Young.

[ES] Viviremos todos juntos, eso es inevitable. Pero la llegada de los vehículos autónomos al entorno urbano plantea otra cuestión urgente: ¿cómo se integrarán estos coches sin conductor en la vida cotidiana? Las industrias tecnológicas y del automóvil que desarrollan estos vehículos también están diseñando el futuro de nuestras ciudades. Sus visiones muestran calles que incorporan tecnologías autónomas y donde los humanos deambulan, despreocupados, por un espacio público donde máquinas automatizadas circulan a alta velocidad. Estas visiones se proyectan en un tiempo lejano, y al hacerlo, ignoran las cuestiones que la llegada de estos vehículos plantean en el futuro inmediato.

En respuesta a tal descuido, este ensayo, y las reflexiones que lo acompañan, exploran los conflictos inminentes asociados a esta tecnología y como estos transformaran nuestras calles, con una hipótesis en mente: el despliegue de la tecnología sin conductor, rápida y disruptiva, no conlleva una solución urbana integrada, más bien plantea preguntas y exige imaginar como responderlas. Este libro identifica algunas, responde a otras y, sobre todo, imagina cómo humanos y maquinas podrán influir en las decisiones sobre el ecosistema urbano, colectivamente.

[EN] We are on the verge of sharing our cities with autonomous vehicles. Recent developments in driverless technologies are having an impact on our urban environment, raising questions about how self-driving vehicles could be integrated into our daily lives. Automotive and technological industries are not only developing the vehicles but also envisioning the future of our cities, a future where streets have seamlessly integrated driverless technologies and humans wander about, unconcerned by the presence of new automated machines circulating at high speeds through public space. These visions skip to a distant time and ignore the issues that these vehicles raise in the immediate future.

In response to such an oversight, this essay and the accompanying meditations explore the conflicts soon to be unleashed by this new technology and the transformation of our streets it will trigger. The current implementations of driverless technology, which are fast and disruptive, do not suggest an eventual integrated urban solution. Yet this book allows us to imagine how humans and cars might collectively influence the urban environment.

In my contribution to the volume I share a provocation on the project of urban unification of ‘smart city’ initiatives: What if rather than trying to contribute to urban unity, contemporary urban planners and designers relearnt, through different techniques and procedures (algorithmic, sensor-based, DIY or otherwise), to be affected by an uncommon city? In other words, the processes whereby cities are treated not as places of homogeneity but of divergence.

Published as Criado, T.S. (2021). Uncommoning the city | Hacer la ciudad poco común. In G. Fernández-Abascal & U. Grau (Eds.), Aprendiendo a vivir juntos: Solidaridad entre humanos, coches y bordillos / Learning to Live Together: Cars, Humans, and Kerbs in Solidarity (pp. 123-130). A Coruña: Bartlebooth | PDF EN & PDF ES