Curso en la Maestría en Psicología Social, Universidad de La República – “Experimentos austeros: Los arreglos del cuidado en crisis”

2014-06-07-12-42-29

Desde el 3 al 17 de diciembre tendré el grandísimo gusto de poder estar en Montevideo, donde daré un curso y participaré en un laboratorio (esto último junto a Isaac Marrero) en la Maestría en Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad de La República, que por intermediación del queridísimo colega y amigo Gonzalo Correa (con quien tenía muchas ganas de poder tramar algo en común desde hace tiempo) ha financiado mi pasaje transatlántico y mi estancia. Agradezco enormemente el esfuerzo económico para hacer realidad el viaje y espero sólo poder compensarlo con las ganas que tengo de aprender de las realidades montevideanas y aportar en la medida de lo posible desde el trabajo que he venido realizando en los últimos años.

El curso tendrá lugar los días 5, 6, 7 y 8 de diciembre por la tarde y lleva por título “Experimentos austeros: Los arreglos del cuidado en crisis” (algo que en algún momento he pensado pudiera convertirse en el borrador de un libro o al menos de un intento de un argumento de amplio espectro–algo que quisiera poder reescribir y co-escribir con mis compas de En torno a la silla–, y agradezco enormemente la oportunidad brindada no sólo de poder presentar y discutir mi trabajo sino de tener un espacio experimental para ensayar el argumento en tan buena compañía).

Dejo por aquí la información detallada del curso.

Resumen

Este curso plantea una aproximación a las transformaciones contemporáneas en el cuidado y el auto-cuidado, prestando especial atención no sólo a sus aspectos sociales (roles de género sexualizados) o vinculados al trabajo corporal, sino a los arreglos e infraestructuras materiales. De forma más concreta, y siguiendo diferentes perspectivas dentro de la antropología de la ciencia y la tecnología, el curso pretende mostrar las democratizaciones tecnocientíficas desarrolladas en años recientes por el Movimiento de Vida Independiente (MVI): una particular forma de activismo encarnado que pone en el centro los soportes corporales, la interdependencia como fundamento para el auto-cuidado y la experiencia de la diversidad corporal. Empleando numerosos casos y el contexto de un estudio etnográfico llevado a cabo en Barcelona desde 2012–uno de los momentos de mayor efervescencia creativa y activista de la España de las medidas de austeridad, en una profunda crisis económica-financiera, institucional-democrática, moral, etc.-, el curso busca abrir un diálogo sobre los modos de teorización y de conceptualización de las infraestructuras vernáculas del cuidado, las formas de conocimiento que movilizan o las sensibilidades que concitan estos activistas del MVI. Y, particularmente, de qué manera sus “experimentos austeros” pudieran estar explorando o poniendo en práctica conceptos y modelos alternativos de bienestar.

Contenido

0) Introducción

– Una aproximación a las transformaciones contemporáneas en los arreglos socio-materiales del cuidado desde un estudio etnográfico en la España en crisis -económica-financiera, institucional-democrática, moral, etc.-, participando activamente en el colectivo En torno a la silla.

– Apunte sobre el método: Conceptualización vernácula y antropología de la ciencia y la tecnología.

– Dos grandes líneas temáticas:

  1. Cuerpo y formaciones socio-subjetivas fragmentarias y en formación: Una antropología pensada desde los soportes corporales y socio-subjetivos (Do kamo de Leenhardt y la revisión de Pazos, 2008) de la experiencia de la diversidad, lo que permitiría abrir un diálogo sobre las infraestructuras corporales/urbanas, las formas de conocimiento que movilizan y las sensibilidades que concitan.
  2. El cacharreo y sus arreglos como modo de materialización vernácula del cuidado, aspecto nuclear de esta historia.

 

1) El cacharreo como radicalización de las infraestructuras del auto-cuidado frente a la institucionalización y el cuidado familiar

– Discusión sobre el cuidado y el auto-cuidado:

  • El estado del bienestar español en discusión (1977-2006): el IMSERSO y su intento frágil y tecnocrático por ir más allá del asistencialismo, el familismo y el corporativismo; las leyes sobre discapacidad; la gran reforma de la “ley de dependencia”, el SAAD y el debate institucionalización vs. cuidado en el hogar (e.g. teleasistencia)
  • El Movimiento por la vida independiente (MVI) I: Disability Rights Movement y discusiones del concepto de cuidado / auto-cuidado
  • El MVI II : La creación del Foro de Vida Independiente y Divertad (FVID) y la diversidad funcional como concepto auto-representacional vernáculo del modelo social de la discapacidad; un foro en internet vs. el asociacionismo corporativista de la discapacidad (grandes asociaciones sectoriales y asociaciones de padres)
  • Las Oficinas de Vida Independiente (OVIs) y el asistente personal (AP) como figura de la interdependencia en discusión: el debate feminista de “Cojos y precarias haciendo vidas que importan”
  • Tecnología y MVI: entre el derecho a escoger las tecnologías o hacer lobby para su rediseño mediante pagos directos (Lifchez, Ratzka, Wienner, Werner) y la auto-fabricación
  • Radicalizaciones del cuidado: De las “comisiones de diversidad funcional” del 15M a Funcionamientos de Medialab-Prado y el surgimiento de En torno a la silla (ETS)

 

2) El cacharreo como activismo encarnado

– Figuraciones epistémicas y articulaciones relacionales en el activismo encarnado:

  • Democratizaciones tecnocientíficas y activismos encarnados: foros híbridos (Callon et al.), comunidades epistémicas (Akrich & Rabeharisoa), grupos concernidos (Callon & Rabeharisoa), epidemiología popular (Phil Brown et al.) y activismo basado en la evidencia (Akrich & Rabeharisoa et al.).
  • Lo social, lo técnico y lo subjetivo en el activismo encarnado I: “tecnologías del yo” y “política de la amistad” (Foucault)
  • Lo social, lo técnico y lo subjetivo en el activismo encarnado II: “Regímenes de im/perceptibilidad”, “immodest witnessing” y “seizing the means of reproduction” (Michelle Murphy)
  • Lo social, lo técnico y lo subjetivo en el activismo encarnado III: La pregunta por “cómo vivir en común” (Barthes)
  • El cacharreo como “interfaz documental” y como “tecnología de la amistad” en ETS

 

3) El cacharreo y la experimentación austera con los arreglos del bienestar en crisis

– Discusión sobre infraestructuras del estado del bienestar, su gubernamentalidad y sus agenciamientos mercantiles:

  • Una vida de catálogo: El catálogo orto-protésico como un dispensario público subvencionado de ayudas técnicas producidas por actores privados; el catálogo como espacio de gestión gubernamental y mutualización mediada por el estado; el catálogo como “dispositivo de mercado” o “agenciamiento mercantil” que in/habilita particulares agencias económicas (Callon et al.)
  • Alternativas institucionales al dispensario: El caso del INTI de Argentina y el encuentro Tecnologías de Bajo Coste del CEAPAT español
  • Modelos del estado del bienestar (Esping-Andersen) y regímenes del cuidado (J. Jenson et al.) y mitos fundacionales del estado (Taussig)
  • Antropología del estado del bienestar sureuropeo como proyecto permanentemente inacabado (Muehlebach y el relato más allá del debate Mauss/Douglas o Foucault/Rose sobre el estado del bienestar y sus formas de gubernamentalidad; la singularidad del gran proyecto de estado postfranquista-Expo, Barcelona ’92- y sus continuidades con el franquismo, la relación con la arquitectura y el desarrollo urbano; la “ley de dependencia” como gran nuevo relato de la España moderna: “el cuarto pilar del Estado del bienestar”)
  • El bienestar entra en crisis: impagos, medidas de austeridad, co-pagos, retrasos y la neo-vulnerabilización de “los vulnerables”
  • Experimentos austeros cacharreando con el concepto y las infraestructuras del cuidado: Diversitat Funcional 15M, Primavera Cacharrera, Pornortopedia/Yes We Fuck, Cacharratón y Red Cacharrera (analogía con la iniciativa mexicana PROJIMO); la austeridad como fragilidad material y vulnerabilidad de los soportes y de su sostén relacional; la imposibilidad de constituir un agenciamiento mercantil (agentes que no se pueden convertir en emprendedores, productos no vendibles, acceso a materiales poco nobles y/o reciclados, etc.)

 

4) El cacharreo y el diseño abierto como construcción conjunta de problemas

– Discusión sobre el significado y la función social del diseño y su apertura en un contexto de cultura libre:

  • Diseño crítico, especulativo y adversarial
  • Diseño participativo/colaborativo: Formalismos democráticos y la revolución de los usuarios
  • Diseño abierto I: Documentar la auto-fabricación y la arquitectura de la necesidad (“Architecture without architects”, “Whole Earth Catalogue”, “Cultura materiale extraurbana”, “Rikimbili”, “Handmade urbanism”)
  • Diseño abierto II: Movimiento maker, amateur experts, crowd-sourcing y emprendeduría neoliberal
  • Diseño abierto III: Critical making
  • El cacharreo de ETS como un hacer vernáculo, cuidadoso y frágil a la vez, centrado en construir problemas conjuntamente sobre el diseño y la economía de las ayudas técnicas.

 

5) El cacharreo documental y la experimentación etnográfica

– Discusión sobre experimentación etnográfica:

  • La etnografía en los sitios antropológicos de la contemporaneidad: Para-sitios y comunidades epistémicas (Rabinow et al.; Marcus & Holmes)
  • Colaboración epistémica: diferentes modos de co-laborar (Riles, Fortun et al., Tsing et al., Kelty et al.)
  • Experimentación y observación: Breve excurso sobre el uso de estos conceptos en historia de la ciencia, STS y antropología
  • Dispositivos de campo y el sitiar/situar el campo
  • Cacharreos documentales: Inscripciones, elicitaciones, realizaciones, elaboraciones y representaciones de/del campo
  • Colaboraciones experimentales: ETS como lugar del cacharreo etnográfico.

 

Bibliografía básica

Agulló, C. et al. (2011). Cojos y precarias haciendo vidas que importan. Cuaderno sobre una alianza imprescindible. Madrid: Traficantes de sueños.

Akrich, M. (2010). From Communities of Practice to Epistemic Communities: Health Mobilizations on the Internet. Sociological Research Online, 15(2).

Brown, P. et al. (Eds.). (2011). Contested Illnesses: Citizens, Science, and Health Social Movements. Berkeley, CA: Univ of California Press.

Callon, M. (2008). Economic Markets and the Rise of Interactive Agencements: From Prosthetic Agencies to Habilitated Agencies. In T. Pinch & R. Swedberg (Eds.), Living in a Material World: Economic Sociology meets Science and Technology Studies (pp. 29–56). Cambridge, MA: MIT Press.

Callon, M., Lascoumes, P., & Barthe, Y. (2011). Acting in an Uncertain World: An Essay on Technical Democracy. (G. Burchell, Trans.). Cambridge, MA: MIT Press.

Callon, M., & Rabeharisoa, V. (2008). The Growing Engagement of Emergent Concerned Groups in Political and Economic Life: Lessons from the French Association of Neuromuscular Disease Patients. Science, Technology & Human Values, 33(2), 230–261.

Callon, M. et al. (2013). Sociologie des agencements marchands : Textes choisis. Paris: Presses de l’École de Mines.

Estalella, A. & Sánchez Criado, T. (Eds.) (2017). Experimental collaborations: Ethnography through fieldwork devices. Oxford: Berghahn.

Muehlebach, A. (2012). The Moral Neoliberal: Welfare and Citizenship in Italy. Chicago: University Of Chicago Press.

Murphy, M. (2012). Seizing the Means of Reproduction: Entanglements of Feminism, Health, and Technoscience. Durham, NC: Duke University Press.

Murphy, M. (2006). Sick Building Syndrome and the Problem of Uncertainty: Environmental Politics, Technoscience, and Women Workers. Durham, NC: Duke University Press.

Pazos, Á. (2008). El otro como sí-mismo. Observaciones antropológicas sobre las tecnologías de la subjetividad. In T. Sánchez Criado (Ed.), Tecnogénesis. La construcción técnica de las ecologías humanas (Vol. 2, pp. 145–166). Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red.

Rabeharisoa, V., Moreira, T., & Akrich, M. (2014). Evidence-based activism: Patients’, users’ and activists’ groups in knowledge society. BioSocieties, 9(2), 111–128.

Sánchez Criado, T., Rodríguez-Giralt, I., & Mencaroni, A. (2016). Care in the (critical) making. Open prototyping, or the radicalisation of independent-living politics. ALTER – European Journal of Disability Research / Revue Européenne de Recherche Sur Le Handicap, 10(2016), 24–39.

Sánchez Criado, T., & Cereceda, M. (2016). Urban accessibility issues: Technoscientific democratizations at the documentation interface. City, 20(4), 611–628.

Sánchez Criado, T., & Rodríguez-Giralt, I. (2016). Caring through Design?: En torno a la silla and the “Joint Problem-Making” of Technical Aids. In C. Bates, R. Imrie, & K. Kullman (Eds.), Care and Design: Bodies, Buildings, Cities (pp. 200–220). Oxford: Wiley.

Shakespeare, T. (2006). Disability Rights and Wrongs. London: Routledge.

Werner, D. (Ed.). (1998). Nothing About Us Without Us: Developing Innovative Technologies For, By, and With Disabled Persons. Palo Alto, CA: Health Wrights.

La infraestructura, o el cuidado y la visibilización de las condiciones materiales de la cultura

laberinto_logomeme2
Jaron Rowan y Rubén Martínez me han liado (gozosamente) para el Curso de NNCC “Laberinto de pasiones: las condiciones materiales de la cultura” y ¡¡no he podido decir que no!! Se trata de una sesión de debate sobre las infraestructuras, que está planteada de esta manera:

Las infraestructuras que sostienen nuestra vida son el producto de diferentes rumbos históricos y prácticas cotidianas. Desde los discursos que las producen y envuelven, los regímenes de verdad que construyen “el problema” que deben resolver, los saberes especializados que las diseñan y montan físicamente hasta los usos diarios que las modelan y que, a su vez, pueden reproducir los valores que ésas mismas infraestructuras contienen o buscar hackearlas para cambiarlos. Diferentes ecosistemas culturales producen y a la vez se sustentan sobre infraestructuras diferentes. No son las mismas infraestructuras las que sostienen el MACBA de las que sostienen a la editorial Traficantes de Sueños. Ambas contienen un conjunto de relaciones, de discursos y de prácticas sin duda muy diferentes. Ni hablar ya si este enfoque lo llevamos a una escala más micro, viendo cómo las infraestructuras cotidianas, las que usamos, ensamblamos o cambiamos con el uso diario, contienen una cultura ordinaria de alto tonelaje.

Casos de estudio para la sesión:

A partir de las experiencias de todos y todas las asistentes al curso, recopilaremos y analizaremos un conjunto de infraestructuras de las que participamos o formamos parte, sean de carácter profesional, vital o una hibridación entre ambas.

[NOTA: para la sesión práctica utilizaremos los materiales de los capítulos 1 y 2 del libro Take Back the Economy de K. Gibson-Graham & co.]

El asunto tendrá lugar el martes 18 de noviembre 2014 de 19-21 en  la Llibreria La Caníbal (C/Nàpols, 314, Barcelona) y contará también con Carla Boserman haciendo la relatoría gráfica del curso

Además de usar algunos ejemplos de este texto tan interesante de Shannon Mattern sobre el “turismo infraestructural“, me he preparado unos APUNTES a partir de uno de los textos en que se basa y que más me ha ayudado a pensar la etnografía de la infraestructura, a ponerla en el foco y atender a sus prácticas de cuidado (algo que trabajé en mi tesis, centrándome en el trabajo de los técnicos de instalación y mantenimiento de servicios de telecuidado):

Star, S. L. & Lampland, M. (2009). Reckoning with standards. En M. Lampland & S.L. Star (Eds). Standards and Their Stories: How Quantifying, Classifying, and Formalizing Practices Shape Everyday Life (pp.1-34). Ithaca, NY: Cornell University Press.

El texto de Susan Leigh Star y Martha Lampland es para mí una pequeña maravilla, tremendamente evocadora para pensar la infraestructura. Y es por ello que me gustaría intentar compartir aunque sólo sea el rumor que yo escucho en su invocación, en su llamada a “escuchar las infraestructuras” (pp. 11-13), lo que supone en muchas ocasiones ir a sitios, registrar cómo se trabaja, pensar en cómo nos organizamos en común, quién hace qué y cómo, así como de qué maneras debiéramos mostrar lo que ahí se nos aparece. Como estrategia metodológica ellas nos proponen que las infraestructuras sean pensadas desde los estándares. Algo que es enormemente refrescante, porque las infraestructuras, así planteadas, se nos aparecen como algo a veces ínfimo pero crucial, que puede ir desde la horma que se pone a un queso en su fabricación (o el molde de un pastel) hasta el tamaño de los folios o el papel moneda, o las convenciones de tráfico…

Permitidme, por tanto, que intente haceros relevante cómo este modo de pensar puede suponer varias operaciones muy interesantes para dar vidilla a este curso, para intentar entrarle a las infraestructuras como modo de pensar el cuidado y la visibilización de las condiciones materiales de la cultura:

(a) Más que pensar los estándares desde las infraestructuras, me parece que su gran propuesta es pensar las infraestructuras desde “el problema de los estándares” (esto es, desde lo costoso que es implementarlos hasta los efectos a veces desastrosos que estos tienen sobre diferentes formas de vida: los estándares nos ponen en ocasiones en muchos problemas, como he venido observando con detalle a partir de mi participación en En torno a la silla).

Esto nos libera ligeramente de que al decir infraestructuras sólo sepamos entender “esas cosas que llamamos grandes sistemas tecnológicos” conectados (la luz, el agua, el gas, internet, etc.). Su planteamiento nos ayuda más bien a poner el foco en los diferentes formatos, tentativas y propuestas sociomateriales de “poner orden” (pp.19-21), pero no asumiendo la máxima modernista de que esto se pueda producir limpiamente, purificando y rompiendo con el caos y el desorden (a veces poner orden supone embarullarlo todo quizá cada vez más, porque se entra como un elefante en una cacharrería…). Nos ponen ante el problema de observar cómo se da empíricamente la consecución de un orden que nos actúe, que nos infra-estructure, que nos diga quiénes somos, pero (si es que esto tiene sentido) “por detrás” (lo digo pensando en cómo las bambalinas de un teatro o el trabajo del apuntador son capaces de sostener una actuación, una dramaturgia). Y digo “por detrás” porque ese trabajo suele ser “invisible”: la mayor parte de las veces una infraestructura es tal y no un verdadero problemón o un marrón, porque funciona sin que nos demos cuenta; esto es, porque el trabajo de las personas que la sostienen no se nos hace presente para que eso que hacemos o queremos hacer se nos haga tan fácil o difícil).

Esta sugerencia nos ayuda efectivamente a poner el foco en la cuestión de los modos de interconexión entre entidades, datos, ideas y dispositivos que fundan esos órdenes sociomateriales (sí, nuestras sociedades no están hechas de lazos humanos y afectos, de gente cogida de la mano; o al menos no sólo…). Pero al hacer esto no necesariamente tenemos que ponernos grandilocuentes y no hacer otra cosa más que resaltar el estado actual de las cosas de las grandes redes de redes. En ocasiones es más útil poner en el foco lo pequeño: “cómo se infra-estructuró” o “cómo se infra-estructura”.

Efectivamente no es que no sea interesante pensar en la red eléctrica o en la conexión a Internet, pero lo interesante es cómo se producen, distribuyen y mantienen esas relaciones, esas materias circulantes y quizá cambiantes, esos gigantescos emplazamientos… La pregunta es “qué propuestas de vida concreta nos plantean…” Dicho de otro modo, ¿qué invitación nos hacen para vivir qué vida? Y, por tanto, ayudan a entender por qué y cómo cierta gente desarrolla formas y modos de resistencia específicas ante esas invitaciones infraestructuradoras –ese “yo no quiero el casco” del vídeo del juramento curri– (que son, a su vez, el trabajo por otra infraestructura, por otro modo sociomaterial de ser-en-el-mundo, de gobernar una ecología relacional: ya sea auto-generando energía mediante paneles solares o pedaleando como posesos en bicicletas estáticas, instalando una güifi.net, o liándose la manta a la cabeza y volviéndose hacker o maker o faker).


(b) Creo que esta manera de abordar el problema es interesante, como cuando nos plantean que las infraestructuras tienen escalas muy diversas, así como usos que pueden ir desde lo ad hoc a los sistemas enormemente coordinados (pp.15-16), a pesar de su intrigante carácter siempre incompleto (p.14). O como cuando nos dicen que hay órdenes, grados o formatos de delegación (p.16), porque lo que para una persona es infraestructura es para otra persona el objetivo de su acción (p.17)

Esto hace que las infraestructuras pensadas desde el problema de los estándares sean interesantes para innovar el modo en el que nos relacionamos con “lo técnico”, porque quizá nos liberen de algo que en los modos de pensar la técnica, la modernidad y el conocimiento se ha convertido en ocasiones en un problema: recordemos en cómo se ensalzan de alguna manera los modos “low tech” (siempre calificados de limitados y de pobres, pero a veces también recuperados en perpetuas vueltas a la naturaleza) de los “primitivos” o de los “campesinos” en museos etnográficos, pero también en los miedos y grandes esperanzas que desatan las megamáquinas o ciertas formas de lo “hi tech” (ensalzados a su vez en centros de innovación y museos de la tecnología).

De hecho, las infraestructuras quizá sean una forma de pensar genuinamente no-moderna, pero no porque repliquen las ideas de pensadores como Latour y compañía (aunque se den en su vecindad), sino porque para SL Star y M Lampland no está claro qué es la infraestructura (incluso hay quien hablar de las infraestructuras químicas de nuestro entorno industrial). Y esta ambigüedad, que debe resolverse siempre empíricamente, nos remite más bien al estudio de cómo se fundan o se articulan ciertos órdenes sociomateriales y no otros, en momentos dados, en este momento, aquí, ahora. Repito, las infraestructuras no son “esas cosas que solemos llamar infraestructuras” y que solemos entender como la base instalada de nuestro mundo, lo que no ponemos en duda y damos por descontado (agua, gas, luz, circulación de bienes, etc.). No, las infraestructuras para ellas son un asunto empírico porque no hay nada como la infraestructura en abstracto. No son exactamente planteadas sustantivamente como un “qué” sino que les interesa más bien plantearse el “cómo” y el “cuándo”: porque son algo que se revela sólo en ocasiones y siempre en momentos específicos. El reto de los estándares según nos plantean SL Star y M Lampland es el reto del orden en el sentido de “encontrar un camino”, porque más allá de un modo incierto y cambiante de tener un “principio de ordenación” (que puede ser algo tan “sencillo” como un “vamos por aquí”) el asunto es cómo te las compones para actuar en un mar de transformaciones…

Como decía antes, atendiendo a la importancia de centrarse en estudiar los “trabajos invisibles” (un aspecto crucial de su fundamento en metodologías y prácticas feministas), queda patente su funcionamiento oculto o invisible, resultado efímero o precario de un trabajo silencioso y permanente (con diferentes grados de reiteración o, mejor, de re-iteración, de intentar mantener en el ser con ciertas frecuencias y ritmos). Muchas veces esto requiere de un trabajo que permite que las cosas funcionen de una manera sin que se vea la maquinaria de esa manera de funcionar. Permitidme que me ponga poético y le llame a esto “un trabajo del trasfondo”. Pero no un trabajo de lo profundo (como si fuera algo sesudo e indiscernible, algo oculto y que nunca alcanzaremos por ser trascendental), sino más bien de articular un contexto –en el sentido de con-texto, esto es como un “tejer-con”–, conectando-separando y generando efectos fondo-forma: como los que se pueden ver a través del análisis de las relaciones en torno a la puerta batiente vinculando la cocina donde trabajaba el personal de raza negra para el comedor del hotel de lujo que observaba Goffman en su “La presentación de la persona en la vida cotidiana”. Esto es, modos de demarcar qué es el backstage y qué el frontstage de la acción en curso (con todos sus efectos políticos implicados).

Y es aquí donde en el planteamiento de SL Star y M Lampland hay un programa político para las ciencias sociales y los relatos etnográficos que pueden llegar a fabricar, o para entender las “condiciones materiales de la cultura”. Porque el estudio de ese trabajo del trasfondo, de ese trabajo invisible en muchas ocasiones tiene el efecto de producir lo que ellas llaman inversión infrastructural (p.17): sitúan en el foco lo aburrido y gris que funda nuestros órdenes cotidianos. Y por ello nos arrojan a analizar el trabajo ímprobo de entender cómo se monta la dramaturgia, cómo se instalan los escenarios para que actuemos, así como qué formas de pre-activar modos de subjetivación, agentes o usuarios para que los ocupen con mayor o menor frecuencia y estabilidad en el tiempo; destinando ingentes esfuerzos a entender cómo todos estos seres “mantienen las formas” (esto es, las formas de relacionarse, ser, conectarse que nos propone cada pequeña e ínfima infraestructura). Pero eso también implica analizar y desmenuzar los modos de supervisar, con mayor o menor frecuencia, la infraestructura de esos escenarios sociales, como un batallón de técnicos de mantenimiento o cuidadoras (en la mayor parte de ocasiones muy pobremente pagadas por su propia invisibilidad) que asisten “por detrás” a poner y reponer un orden dado.

Esto tiene efectos sobre el dónde y cómo miramos u observamos y registramos, porque la extrañeza de la infraestructura es del orden de lo infra-ordinario (p.18), situando la catástrofe, el fallo o el malentendido como la unidad de análisis de la observación (p.15). El problema de nuestras infraestructuras es que, salvo que hagamos enormes esfuerzos para visibilizarlas, lo que nos permite decir algo sobre cómo funcionan muchas de estas profesiones o trabajos colectivos de la infra-estructuración es cuándo las cosas cascan o dejan de funcionar.

Por ello es tan importante la etnografía de la infraestructura o el turismo infraestructural y sus relatos sobre el trabajo del trasfondo. Porque es una manera de pensar en nuestras condiciones materiales de la cultura de modo muy parecido a como pensaríamos las condiciones materiales de los soportes de nuestra existencia. Esto, en la línea de los trabajos feministas que ponen el foco en la invisibilidad de la reproducción antes que en la espectacularidad de la producción de los órdenes sociales es, directamente, un ataque en la línea de flotación de la economía política marxista (y su idea de que la infraestructura en tanto que modo de producción es la que condiciona las instituciones sociales y las ideologías -o superestructuras– que se montan sobre ellas para legitimarlas). Pero esto se hace sin olvidar o, quizá mejor dicho, no queriendo dejar de vindicar cuando lo merezca a lxs trabfajadorxs invisibles de los diferentes entramados que articulan nuestros mundos cotidianos de otra manera: cuidadoras o técnicos de mantenimiento, pero también activistas, arquitectas, manitas, chapuzas, etc.
Este reconocimiento, sin embargo, necesita que consideremos profundamente qué herramientas de visibilización, evaluación o valoración podemos fundar para otorgar ese reconocimiento de estos trabajadores y trabajadoras de lo cotidiano. Porque no es tan sencillo como poner una cámara, enchufar el streaming y todo listo. El modo concreto de visibilizar también forma parte de esos trabajos de la infra-estructuración, y como sabemos, con enormes efectos potenciales (a veces desastrosos) para esos trabajos visibilizados… (volveré sobre esto al final).

(c) Permitidme que intente incidir en la idea radical para pensar nuestra cultura que creo que introduce esto: pensar en la in-formación (esto es, que nuestra cultura es puesta en forma, o constantemente formateada por los modos en que infraestructuramos). Star & Lampland nos llevan a pensar que incluso en la más mundana de las infra-estructuras existen efectos relacionales e informacionales sobre los seres ahí infraestructurados. Pero, nuevamente, si pensamos en el trabajo del trasfondo, esto remite a pensar no tanto la información como dato que circula, sino como “in-formación”: como propuesta de formateo o de dar y tomar forma, bien intentando “dar forma a lo que se nos aparece como informe” o “interviniendo unas formas desde otras”. Esto no supone pensar únicamente que toda infraestructura sea una “infraestructura de datos”, puesto que lo interesante es cómo se llevan a cabo operaciones que permiten la existencia de “datos”, que remiten a innumerables propuestas y actuaciones destinadas al formateo. Y lo fresco de esto es que quizá las nuevas ecologías informacionales que han extendido y expandido el formateo no hagan sino revelar el carácter informacional por medio del que hasta la cosa más ínfima ha venido siendo articulada como un “material informado.

Y dejadme que me detenga en este aspecto, porque creo que es enormemente revelador de qué implica la estrategia descriptiva y narrativa de las “inversiones infraestructurales”. Mientras que en la manera de entender “los datos” típica en los estudios de, por ejemplo, el Big Data estos se nos aparecen como cualidades distales, propiedades externas de las cosas, pensar las infraestructuras desde los estándares supone observar las diferentes ecologías informacionales (que a veces no son digitales) y cómo articulan “de forma interior” nuestros mundos más cotidianos (pensemos en toda la cantidad de dispositivos representacionales ínfimos, desde pequeñas “tecnologías intelectuales” basadas en papel y lápiz –como una lista de la compra- hasta las grandes construcciones que implican “cortinas de objetos” desde las que miramos el mundo, como hubiera dicho con una formulación un poco arcaica a estas alturas André Leroi-Gourhan).

Dicho de otro modo, más que en el resultado de la estandarización (los datos) pensemos el trabajo concreto para intentar formatearlos y mantenerlos: algo que no siempre lleva a generar esos seres o entidades que viajan sin modificarse (aunque esto es muy interesante, porque nos lleva a preguntas cada vez más concretas: ¿qué viaja y cómo impacta dónde? ¿cómo se valida y se dota de legitimidad a ese dato circulante, por parte de quiénes y para qué?). Si acaso, lo interesante es que ese trabajo de categorización, catalogación, coordinación y gestión que nuestras condiciones informacionales digitales actuales explicitan o hacen visible, con figuraciones siempre concretas, apunta más bien al ingente  trabajo de crear y recrear las condiciones mínimas de ciertos hábitats, a través de sentar las bases de un hábito que habilite habitantes (por apropiarme la formulación de JL Pardo en “Las formas de la exterioridad”), aunque esto no siempre se consigue. Poniéndome pedante podría decir que esta manera de pensar la infraestructura extrae, creo, lo más relevante de la idea heideggeriana de pensar los sistemas sociotécnicos como “estructuras de emplazamiento” o como formas de “co-locar”, como a veces traduce Félix Duque la idea de la GeStell: esto es, de traer a la presencia las cosas en un modo específico, o de “emplazarlas”…

Esto es, cómo configuremos el proceso de construir y hacer circular la forma no es baladí, y tiene efectos sobre cómo y qué podemos ser. Toda esta densidad teórica sólo para intentar decir que no podemos pensar en hacer un uso acrítico de los formatos de visualización y de producción de datos, porque en ellos se están labrando ya no sólo maneras de interpretar, sino de articular mundos.

(d) Este carácter informado o informacional de la infra-estructura, a su vez, nos abre a un aspecto que considero crucial en este argumento: nos obliga a pensar en las capas o el multicapado de las prácticas culturales… De alguna manera podríamos decir que la figura de la infraestructura tal y como la tratan SL Star y M Lampland re-visita la metáfora del “hojaldrado de lo social” o de “lo social como algo multi-capa” usada por diferente autores como Michel de Certeau o Paolo Fabbri, pero detallando las formas concretas en que se producen solapamientos, imbricaciones, fusiones de capas, pero también bloqueos, pegotes, etc. Desarrollando esto plantean (pp.4-9) que los estándares (que pueden ir desde recetas de cómo hacer, hasta certificaciones de calidad, pasando por convenciones sobre cómo organizarse en un grupo de amigxs o sistemas de clasificación que gobiernan prácticas sociales como la provisión de energía y las telecomunicaciones) tienen estas caracterizaciones:
1. Suelen están anidados unos en otros…
2. Se distribuyen asimétricamente o de forma desigual (en su impacto y en sus obligaciones) a lo largo de un entorno social
3. Son relativos a “comunidades de práctica” concretas (esto es, un estándar para una persona o colectivo puede no serlo para otrxs: siempre requieren de una economía o una ecología en torno a cada estándar particular, que le da sentido a cierta forma de interpretar su funcionamiento y puesta en marcha –p.7–)
4. Deben estar en muchas ocasiones integrados con otros de diferentes organizaciones, países y sistemas técnicos… (e.g. los protocolos del e-mail, las normas ISO)
5. Codifican, encarnan o prescriben éticas y valores (a menudo con grandes consecuencias para los individuos). De hecho, una estandarización suele suponer que se quede fuera o se descarte (screen out, p.8) la diversidad ilimitada, “e incluso la limitada” de seres, cosas, características, etc. Este potencial silenciamiento de la otredad que implica la estandarización (aunque no siempre se dé en las formas discursivas históricas en que esto se ha solido dar, como el racismo, el clasismo, el machismo y el capacitismo; los derechos humanos también son una forma, y a veces bastante rígida…), dicen, es una elección moral así como práctica (relativa a la forma en que se conforman ecologías informacionales y a cómo se busca distribuir o articular un modo de convivencia).

Aunque quizá, más que el estatismo del hojaldrado, la metáfora que emplean SL Star y M Lampland (pp. 20-21) es la de la “imbricación”: porque nos habla, dicen, de cosas que funcionan juntas, pero sin necesidad de estar bien consolidadas [uncemented] (implicando esta imbricación una cierta “intercambiabilidad” de las partes que componen un estándar, siendo la parte sólida a veces la débil en otros arreglos). Totalidades hechas a veces de retales, pero que vienen de muchos sitios para componer posibilidades y restricciones para la acción…

(e) En cualquier caso, y por ir cerrando, antes de abrir la dinámica a pensar nuestras infraestructuras y cómo intentar dar cuenta de esos trabajos del trasfondo e invisibles que nos articulan, quisiera plantear una cuestión importante, relativa a cómo hacer esto de un modo cuidadoso y respetuoso. Algo que podríamos denominar “la política infraestructural del relato” (pp.23-24) y los efectos que producen las inversiones infraestructurales, de colocar en el frontstage lo que suele estar en el backstage (y que en ocasiones por estar velado, o escondido, produce efectos diferentes a si se diera con plena visibilidad, con luz y taquígrafos). Es decir, pensar las infraestructuras no tiene por qué llevarnos a un delirio de la transparencia sin considerar los efectos de este acto de “hacer visible”.

Uno de los aspectos más importantes de ello es que visibilizar ciertos órdenes de ciertas maneras puede abrir nuevos caminos a la supervisión y la vigilancia también (un buen ejemplo de los problemas de esto lo tenéis aquí). También la visibilización puede saturar y densificar hasta la náusea cuando, como en los escritorios de nuestros ordenadores portátiles pulsamos la opción de “traer todo al frente” en mitad de un día de trabajo intenso… Visibilizar de forma cuidadosa, por tanto, debiera alejarnos de formatos universalizantes de relatar, narrar o contar “lo que ahí pasa”. Porque quizá con ellos perdamos las características locales que están implicadas en proyectos de estandarización concretos, o alteremos las formas de socialidad que nos plantean (para bien o para mal). Por tanto, quisiera poder discutir con vosotrxs no sólo el interés de esta noción de la que ya os he hablado demasiado, sino ¿cómo visibilizamos y ponemos en común nuestras infraestructuras de formas cuidadosas para vosotrxs?

Installing Telecare, Installing Users: Felicity Conditions for the Instauration of Usership

Installations

New collective article published in Science, Technology & Human Values, 39(5): 694-719!!

Installing Telecare, Installing Users: Felicity Conditions for the Instauration of Usership

 (co-written with Daniel López, Celia Roberts & Miquel Domènech)

Abstract:
This article reports on ethnographic research into the practical and ethical consequences of the implementation and use of telecare devices for older people living at home in Spain and the United Kingdom. Telecare services are said to allow the maintenance of their users’ autonomy through connectedness, relieving the isolation from which many older people suffer amid rising demands for care. However, engaging with Science and Technology Studies (STS) literature on “user configuration” and implementation processes, we argue here that neither services nor users preexist the installation of the service: they are better described as produced along with it. Moving beyond design and appropriation practices, our contribution stresses the importance of installations as specific moments where such emplacements take place. Using Etienne Souriau’s concept of instauration, we describe the ways in which, through installation work, telecare services “bring into existence” their very infrastructure of usership. Hence, both services and telecare users are effects of fulfilling the “felicity conditions” (technical, relational, and contractual) of an achieved installation.

Keywords: Telecare, older people, installation, configured user, felicity conditions, instauration, Souriau

Acknowledgements

First of all, we would like to thank Nizaiá Cassián for the collaborative work that led to the idea of this paper. Secondly, the research shown here is part of the project “Ethical Frameworks for Telecare Technologies for older people at home” (EFORTT, funded by the European Commission’s FP7 SiS programme, project no. 217787). We would like to thank Maggie Mort as coordinator of the project as well as the research teams for discussions. Thirdly, our acknowledgment goes to the different telecare services and users that took part in our studies, without whose support none of this could have been possible. Last but not least, the authors would also like to thank the two anonymous reviewers for their helpful comments in the development of this paper.

Full textPDF

Pre-print

¿Cuánto puede un cuerpo colectivo? Saberes mundanos, experticia y nuevas prácticas

¿Cuánto puede un cuerpo colectivo?

Entre los meses de enero y junio tendrá lugar en la librería Synusia un curso/taller de autoformación destinado a la reflexión y experimentación sobre “¿Cuánto puede un cuerpo colectivo? Saberes mundanos, experticia y nuevas prácticas

  • Estructura del curso: 6 sesiones / 1 sesión mensual
  • Lugar: Ateneu Candela (C/Montserrat, 136 – Terrassa)
  • Inicio: 30/01/2014 – 19:00h
  • Período: de enero a junio de 2014
  • Horario: de 19:00h a 21:00h

Estas seis sesiones planteadas a lo largo del primer semestre de 2014 buscan, a partir de una serie de preguntas, abrir un campo de reflexión desde y en torno al cuerpo en primera persona.

Consideramos útil comenzar plantándonos delante de un par de preguntas generales que delimitarán los contornos de un campo común de reflexión. Cuestiones como ¿qué es un cuerpo? y ¿qué se entiende por cuerpo normal o por cuerpo sano? servirán como catalizadoras para situar conceptos clave que nos acompañarán en la caja de herramientas teóricas a lo largo de todo el curso. En esta primera parte realizaremos un mapeo de aquellos campos y saberes que han problematizado estos interrogantes, y con esta cartografía pasaremos a analizar aquellas instituciones y disciplinas que han sido asignadas para proveer, administrar y regular la salud, el bienestar y el cuidado de nuestros cuerpos.

Nos interesa, en particular, analizar qué sucede con estas instituciones y disciplinas asignadas para la regulación y atención del cuerposano en un contexto de crisis. En el actual contexto de recortes, en el sistema público se ha hecho un ataque no sólo contra las condiciones fundamentales que permiten la reproducción de la vida en general, sino de forma más explícita contra todos aquellos cuerpos que encarnan la ‘diferencia intolerable’. Este escenario se contempla en sus prácticas y sus normativas de patologización (de los cuerpos trans), criminalización (con la reforma de la ley del aborto), exclusión (del derecho a la salud de cuerpos migrantes y precarios), segregación entre cuerpos ‘productivos’ y ‘no productivos’ (con la progresiva desaparición de la Ley de Dependencia) y en la normalización heteronormativa (negando el acceso a la reproducción asistida a mujeres que no mantengan relaciones heterosexuales estables).

Yendo de una concepción de la salud como derecho universal a la delimitación de la salud como negocio, encontraremos el contexto donde identificar qué intentos de privatización del sistema sanitario se han puesto en marcha en los últimos años (con la reciente reforma sanitaria que excluye a una capa importante de la población y con el ‘repago’) o qué formas de enriquecimiento persiguen las farmacéuticas a partir de una creciente medicalización de la vida.

En este marco, la segunda parte del curso pretende indagar en experiencias concretas que actualmente están poniendo en relieve nuevas alianzas, prácticas de desobediencia y nuevas formas atención a la salud y al cuidado del cuerpo. Por un lado, algunas de estas experiencias ponen el acento en maneras colectivas de reformular, tanto la noción misma de ‘lo público’, como la reconquista de derechos en el ámbito institucional. Y otras de ellas plantean formas de experimentación, basadas en nuevas alianzas y nuevas fórmulas de generación y acceso al cuidado desde las experticias y los cuerpos diversos.

Todas las 6 sesiones son extremadamente interesantes, y aún diría más cruciales, para pensar las interesecciones entre prácticas activistas hechas poniendo el cuerpo en primera persona y nuevos formatos de aprendizaje/experimentación epistémica a las que vengo/venimos un grupo de gente dándole vueltas en los últimos meses, reflexionando sobre las tecnologías, los servicios y las infraestructuras para pensar y desde las que pensar qué pudiera querer decir la salud o el cuidado en un contexto de enormes transiciones, peligros y promesas como el que vivimos actualmente –si prestamos atención a las contorsiones y convulsiones del estado del bienestar o el estado social en el estado español (que nos colocan entre las formas más radicales de vulnerabilidad producida por mercados de servicios y productos que rompen con o limitan nuestro acceso universal a la salud o la precariedad de medios a la que arroja el desamparo institucional a los interesantes formatos autogestionados de auto-cuidado)–.

Permitidme, sin embargo, que mencione especialmente dos de ellas en cuyo desarrollo me siento particularmente involucrado:

1) Tengo el enorme honor de haber sido invitado a la sesión colaborativa titulada “Más allá de la experticia única“, en la que es un placer y una suerte compartir escenario con la inestimable Nùria Gómez (activista del Foro de Vida Independiente y Divertad + OVI de Barcelona), que ahondará sobre estas cuestiones:

Frente a la concepción tecnócrata que privilegia una lógica del cuidado y la salud definida y administrada por aquellos reconocidos en tanto ‘expertos’, consideramos necesario abordar otras formas de relación entre producción de saberes, atención y prácticas sobre el cuerpo y sus cuidados.

En la primera parte de esta sesión abordaremos la necesidad de transformar el lugar de privilegio que han tenido ciertas posiciones de enunciación desde la ciencia o la experticia, sugiriendo un desplazamiento hacia comunidades epistémicas construidas desde lo que vivimos cada cual, contando con el conocimiento de un cualquiera y lo que le afecta. Nociones como ‘comunidades epistémicas experimentales’ planteadas por nuestras invitadas, sugieren una mirada a redes de construcción de conocimiento en las que lo ‘experimental’ – qué y cómo podemos pensar – es definido en tanto aquello frágil, de carácter abierto y no constreñido por límites disciplinares o institucionales. Frente al saber experto ‘dado’ de la racionalidad tecnócrata, la dimensión experimental nos sitúa frente a la necesidad de un proceso de producción de saber abierto a lo desconocido, lo incierto, lo ambiguo e incontrolable como condición inherente a nuestros cuerpos.

En este cambio de acento que se desplaza del saber experto ‘dado’, hacia las comunidades de producción de saber, en esta sesión exploraremos nuevos vínculos que rompen las figuras del usuario y el dependiente, de la mano de la experiencia de la Oficina de Vida Independiente. En este contexto, la gestión de necesidades y recursos comunes pasa necesariamente por una transformación del saber experto – tanto en la concepción misma de experticia como en sus modos de hacer y en la heterogeneidad de quienes participan en su generación.

2) Pero también espero con enorme interés la esperadísima sesión “Producir máquinas, producir territorios encarnados de intersección“, que sentará en la misma mesa al proyecto de diseño abierto de productos de apoyo En torno a la silla, al documental Yes, we fuck y a la pornortopedia de PostOp en las que el tema será:

¿Cómo se hace una política material? ¿Cómo generamos territorios de intersección en los que podamos habitar colectivamente desde la singularidad y diversidad de nuestros cuerpos, experiencias y experticias? En algunos espacios de experimentación ha empezado a darse una composición de grupos de diversos saberes, profesiones y áreas políticas que reúnen discusiones y luchas que hasta hoy habían tendido a caminar en paralelo pero sin tocarse (como pueden ser los feminismos o colectivos de diversidad funcional). Consideramos que los proyectos invitados para esta sesión son un ejemplo de nuevas formas de componernos en esta diversidad.

¡¡Gracias a Alcira y Niza por haber montado este super-curso!!

EL ADN DE LA VIDA. Crianza, cuidados y comunidad

Imprescindible

Curso crianza

En la actualidad vivimos una auténtica encrucijada en los debates sobre cuidados. El derecho de cuidar de los nuestros, que es un derecho muy raro, pues está atravesado por obligaciones morales, sociales, políticas y de género de lo más variadas, queda sometido a infinidad de líneas de interpretación. Complejidad que si cabe se acentúa con especial relevancia en el terreno de la crianza.

La crianza es una atalaya privilegiada para observar y analizar las relaciones de interdependencia que nos rodean. La relaciones propias de vínculo “biológico”: el embarazo, el parto, la lactancia; también las condiciones propias del sistema administrativo-político: los papeleos, la seguridad social, el sistema sanitario. Y siempre sobrevolando todo ello, los distintos saberes aplicados: medicina, psicología, neurología, pedagogía que también se unen al entorno social donde se juegan una buena parte de las batallas de la crianza: la familia, la comunidad, los círculos de amistades, las redes afectivas…

View original post 1,144 more words

Las lógicas del telecuidado: La fabricación de la ‘autonomía conectada’ en la teleasistencia para personas mayores | Tesis doctoral

Las lógicas del telecuidado: La fabricación de la ‘autonomía conectada’ en la teleasistencia para personas mayores | Tomás Sánchez Criado

Tesis doctoral presentada en Octubre de 2012 en el marco del POP de Antropología de Orientación Pública de la Universidad Autónoma de Madrid

Algunas representaciones sobre las obligaciones filiales de cuidar y sus “problemas”

Hoy ha causado sensación la siguiente esquela, publicada originalmente en el ABC y de la que se hace eco el Huffington Post: “Una mujer encarga una esquela para perdonar a sus hermanos y su hija ‘por su absoluta falta de cariño'”

https://i1.wp.com/i.huffpost.com/gen/795538/thumbs/o-ESQUELA-570.jpg

Quiso en sus últimos momentos de vida dejar encargada la publicación de esta esquela para manifestar su perdón a los familiares que la abandonaron cuando más les necesito, sus hermanos Juan Hernández Rodríguez y Manuel Hernández Rodríguez y su hija María Soledad García Hernández por su absoluta falta de cariño y apoyo durante su larga y penosa enfermedad. El cuerpo fue sepultado cristianamente en el cementerio de Camarma de Estruelas (Madrid) su hijo y amigos.

Y la sensación de terror y pánico que muestran los comentarios me ha parecido una fantástica ocasión para recordar el tema de las “obligaciones filiales de cuidado” y sus complicadas negociaciones, así como lo que esconden: en no pocos países estas se encuentran vinculadas a una distribución sexual del trabajo de cuidados en el ámbito familiar (véase para el caso español el trabajo de IMSERSO y GFK. (2005). Cuidados a las Personas Mayores en los Hogares Españoles. El entorno familiar. Madrid: IMSERSO | O el menos sesudo, pero igualmente significativo trabajo de L. Carandell (1975). Tus amigos no te olvidan. Madrid: Guadiana de Publicaciones, una divertida a la vez que tétrica recopilación de esquelas, de la que se puede encontrar una buena muestra en esta entrada del blog Del negro al gris).

Para una fantástica panorámica, véase la comparativa internacional de I. Aboderin “‘Conditionality’ and ‘limits’ of filial obligation: conceptual levers for developing a better understanding of the motivational basis and societal shifts or patterns in old age family support” o los resultados del proyecto “OASIS – Old Age and Autonomy: The Role of Service Systems and Intergenerational Family Solidarity” (comparando la situación de Alemania, Israel, Noruega, España y Reino Unido)

Además de los innumerables estudios y de muchas posibles representaciones y reflexiones antropológicas, como las de S. Lamb en su libro “Aging and the Indian Diaspora: Cosmopolitan Families in India and Abroad” (que trata de las transformaciones en la seva o servicio familiar –por el que toda persona se siente obligada a practicar el cuidado de los mayores a partir de un criterio de circularidad y reciprocidad- ante la occidentalización producida por la emigración de muchos hijos y la incorporación de hábitos de “vida independiente”), no puedo sino acordarme de la maravilla de película de Y. Ozu “Cuentos de Tokio” (1953), que según la ficha en IMDb narra la situación de:

“Un matrimonio de ancianos viaja a Tokio a visitar a sus hijos pero encuentran indiferencia, ingratitud egoísmo y una marcada diferencia cultural. Cuando los impacientes hijos envían a los ancianos de vuelta a casa, entramos en una profunda reflexión acerca de la mortalidad y la familia”